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Mostrando entradas de septiembre, 2011

Definición

Las reglas del juego exigen definir una palabra, que así me lo mandó decir el maître de esta extraña barra libre. Empecé a pensar y a seleccionar palabras que me parecían firmes candidatas, pero en cada una había un aire de derrota, un obstáculo, un mohín del alma, que me hicieron desistir y sustituirla por otra palabra “con más posibilidades”. Deseché “mourinho” porque el DRAE no ofrece suficientes sinónimos de egocentrismo. También deseché una palabra cuya acústica siempre me ha gustado: “catafalco”, que alguien dijo que parecía el ruido de un ataúd cayendo por una escalera, aunque no recuerdo quién (¿un simbolista? ¿cuál de ellos?). Dado el trasiego de estos días en la enseñanza, estuve a punto de elegir “esperanzaaguirre”, pero aquí no es que se quede corto el DRAE: es el propio idioma de Cervantes, Federico, Muñoz Molina, Gabo, Borges y otros mil genios el que se queda corto: ¿cómo definir una realidad así con vocablos normales? Esta mujer, que fue capaz de aceptar para su Te...

Los carcañales de la abuela Quica

Mi primera incursión en el frondoso universo de las palabras tuvo como extraordinaria maestra de ceremonias a mi abuela Quica, un diccionario abierto a vocablos rescatados del olvido de la tradición oral. Gracias a mi abuela descubrí palabras que en un principio creí imposibles, fruto de su imaginación efervescente. Gustaba solicitarle -por puro placer- que me enseñara una nueva, o que repitiera una en concreto y me explicara su significado; en su voz resonaban con un acento siempre virgen y amplificado. Pero no todas le salían tan afinadas y teatrales. Las palabras que provenían de su memoria remota, de su catálogo emocional, de su vida en su pueblo, Alburquerque, aprendiendo desde muy niña el oficio de su madre, la artesanía del hilo y el alfiler, le salían espontáneas, como si hubiera nacido con ellas en la mente. Sin embargo, palabras modernas, urbanas, industriales, no era capaz de tejerlas con igual competencia. Recuerdo que nos gustaba -los niños pueden ser muy crueles- a m...

Iberus Gualtieranus o la estrategia del caracol

Imagen: Michael Sowa He llevado a mis labios el caracol sonoro y he suscitado el eco de las dianas marinas (…) Y oigo un rumor de olas, y un profundo oleaje, y un misterioso viento… Rubén Darío Desciendo en torbellino por el tobogán de mi memoria en busca de la primera huella fonética registrada en su placa lingüística, allá donde el laberinto del oído conecta el nervio auditivo con su neurona terminal en el mapa de los recuerdos. Ando buscando el verbo fundacional, la célula semántica primigenia que generó en mi ser el eco racional de la especie, la primera palabra. De súbito me encuentro sentado sobre las piernas de mi abuelo Miguel, del que solo recuerdo su oronda figura de Buda sedente y muy vagamente su rostro congestionado, mucho más dulcificado en las fotografías que de él se conservan. Juguetea conmigo –su nieto primogénito- a caballito sobre sus piernas y pronuncia la palabra “¡ caracoles !” , que repite divertido ante mis efusivas celebraciones. Intuyo qu...

Yo, argentina

Parece que sí, pero no. Es casi igual, pero distinto. Cualquiera diría, si nos apuran, que hablamos español. Pero hablamos argentino. En realidad, nosotros lunfardeamos. Digamos, para ser más claros, que hablamos lunfardo . Si nos vamos a poner exquisitos hay que reconocer que no estamos frente a un idioma o un dialecto. El lunfardo es, en realidad, un grupo de palabras que se fueron tomando de los inmigrantes italianos, españoles, frances, polacos que llegaron a Argentina a fines del siglo 19 y principios del 20. Las deformamos, las pusimos al vesre, le cambiamos el significado, las metimos en la letra de los tangos y se nos hicieron carne. Nosotros no lloramos; a nosotros se nos pianta un lagrimón. A las minas argentas nos engrupen los atorrantes con chamuyos de amor y rara vez nos apiolamos. Decí que siempre alguna amiga nos bate la justa. Estamos siempre metidos en algún quilombo y la guita no alcanza nunca. Claro que cuando estamos en ámbitos académicos o serios no...

Soy un sentimental léxico, soy un lexicómano tóxico

Secundípara: adj. Aplícase a la mujer que pare por segunda vez. Moriré sin haber pronunciado secundípara . Importa escasamente que sepa qué significa porque no tendré ocasión de usarla. Tampoco ajear : el ajeo es el chillido que da la perdíz cuando se ve acosada. Tiene el boscoso idioma español palabras asombrosas a las que jamás acudimos, pero que están ahí, a la espera de que las pronunciemos. Mi amigo K. se prendó de la palabra pusilánime , que no es retorcida ni se escapa al común de los hablantes, pero que poseía a su entender una sonancia formidable, una influjo hipnótico, un veneno dulcísimo. Estuvo un día entero usándola a tutiplén. He escrito a tutiplén y he vuelto a pensar en las palabras. Hay días en los que uno no piensa en lo que las palabras esconden sino en cómo se enseñan, qué traje usan para airear lo que pensamos. De hecho la palabra tutiplén no existe salvo que hagamos que la vocal a la anteceda. Si nos paramos a pensar en estos matrimonios léxicos descub...

El amor, la muerte, el enano, la furcia (Quinta y última parte)

El Comisario Cortázar empezó a rascarse la bragueta mientras se mesaba la barbilla. El inspector Borges, que las veía venir de lejos, supo inmediatamente que su jefe estaba a punto de dar con un atisbo de presagio de embrión de pálpito, así que interrumpió la frase en seco y se dispuso a aprender de su jefe. -Borges, nadie quiere soltar prenda. - … -En este pueblo, nadie parece saber nada. Como si estos hijos de madre se hubieran conjurado para ocultarnos lo concerniente a ese enano y a su furcia. Borges oía al Comisario como si estuviera hablando el mismo Dios. Lo admiraba, casi lo idolatraba, así que oía con reverencia todo lo que le decía. Cortázar se levantó y apuró el cacillo de mate que se enfriaba lánguidamente en el infernillo de querosén. Seguidamente, se asomó a la ventana y continuó su soliloquio: -Un enano putero, unos dicen que lo odiaban y otros lo veían normal. Unos que era la primera vez que entraba una pelandusca a su casa,pero otros que era lo habitual. E...

El amor, la muerte, el enano, la furcia (Cuarta parte)

- Sí, una mujer joven, con las ubres al viento, corría como quien lleva el diablo a su espalda... No, no le ví la cara. Usted comprenderá. El comisario tomaba nota. Mientras, en casa de Melquíades la científica tomaba huellas y especulaba sobre lo sucedido. La habitación presentaba un aspecto deplorable. Libros y comida podrida germinaban por todo el piso. Ese olor dulzón hubiera penetrado en la nariz más inodora. Sobre la cama, Melquíades yacía inerte, en posición equina, con los muslos y piernas apretados. Todo parecía indicar que el cadáver había sufrido una paraplejia espástica. La confirmación la daba el baclofén encontrado en la mesilla junto a la cama. El rigor mortis sugería que la muerte había sucedido hace ya varias horas. Pupilas contraídas, semblante deforme, aproximación maxilar, eyaculación post mortem, cutis anserina, retracción del escroto, manos cerradas. Un policía recogió meticulosamente del quicio de la cama un sostén de generosa talla, unos zapatos de aguja rojos y...

El amor, la muerte, el enano, la furcia (Tercera parte)

Irene, poco acostumbrada a los requiebros grandilocuentes, reaccionó con una segunda y aún más maquiavélica sonrisa a la osadía de Melquíades, que no ponderó los peligros de su irreflexivo órdago. “Quien no arriesga, no gana” –pensó. Ya lo dice el proverbio oriental: Temer es no sembrar a causa de los pájaros . Para que sucedan las cosas hay que crear el ambiente adecuado y él estaba dispuesto a poner toda la carne procreadora en el asador del sexo. Consciente, por lo demás, de que, en virtud de la anterior experiencia vivida y mal pagada, a la exuberante Villalobos no le faltaba razón en lo referente a su en-verga-dura y , por si fuera poco, a la precocidad de sus eyaculaciones, trató de seducirla por la aún inexplorada vía de la sentimentalidad, fracasadas la mediometrosexual y la erudita. Así pues, con tono casi implorante y timbre melifluo, se arrancó por el Romance de Curro el Palmo, sin ningún sentido del ridículo: “¡Ay, amor!, sin ti no entiendo el despertar, Ay, amor, sin...

El amor, la muerte, el enano, la furcia (Segunda parte)

Al entrar Irene Villalobos en aquella alcoba no encontró a Melquíades tumbado en la cama, como lo esperaba. El enano había vestido sus mejores prendas -que poco ayudaban a ocultar su fealdad- y untado su cuerpo en aceites perfumados. Pero el camino que había elegido para impresionar a la puta fue el menos eficaz; mejores vestidos había quitado ella de cuerpos que olían aún mejor. Rápidamente lo notó nuestro tacaño protagonista al mirar el gesto imperturbable de aquella mujer. Recurrió entonces a su arma más letal -a su entender-, e impostando la voz le dijo: - ¿Acaso una leona de los montes, que ladra desde la parte más baja de sus ingles, te parió con tan dura y abominable alma como para que despreciaras los gritos de un suplicante en esta recentísima desgracia, ay, tú, de corazón demasiado cruel? La sonrisa de Irene hizo que pensara, por unos breves segundos, que había dado justo en el centro del pérfido corazón femenino. Durante ese instante se sintió satisfecho, hasta que escuchó l...

El amor, la muerte, el enano, la furcia (Primera parte)

I El amor, a decir de Ovidio, dispara dos flechas de efecto contrario. Una, forjada en oro, procura amor mientras que la otra, cerrada en plomo, entrega quebranto a quien sufre la ponzoña del metal. El amor, oh nudo dichoso, oh gran capital del alma, tela bordada por Himeneo, luz invisible que mueve el sol y también las estrellas, conviene de vez en cuando, pero hay quien sostiene que harta igual que embelesa, que satura en la misma medida en que conforta. Que el amor absoluto hiere más que sana y que su falta, en ocasiones, protege de las penurias de los años y hasta cuida de que sobrevivamos al vértigo y a la fiebre y no precisemos ángel de la guarda que nos guía ni mano noble que nos acaricie. Era el enano Melquíades Zambrano hombre preocupado por estas frivolidades del apetito metafísico. Leía con devoción tratados sobre el amor y hasta recitaba en público, con mejor dicción que compostura, los versos de los grandes poetas, subiendo y bajando el timbre, declamando como solo los...

Vicio solitario

Sé que mi familia está alarmada. Me miran con un gesto serio y preocupado, muy distinto de ese brillo especial con que se mira a las personas normales, de esa casi sonrisa con que se mira a los del propio entorno con la condición de que no lleven encima la marca del vicio. Mi mujer y mis hijos, están agobiados, avergonzados casi, por mi dependencia. La semana pasada, mi hija, que sabe cuánto la quiero, me pidió (-¡Por favor, papá, hazlo por nosotros!) que me ponga en manos de un psicólogo y hace un par de noches los sorprendí hablando de mí: -¡Qué vergüenza, si se enteran los vecinos o los amigos! –decía mi hijo mayor. Yo, a veces, también siento vergüenza de mí mismo, pero no lo puedo dominar porque es superior a mí, mucho más fuerte. Trato de tranquilizarlos. Les digo que yo controlo, que puedo dejarlo tan pronto como me lo proponga, pero veo en sus caras que no me creen, que dudan de tan tajante afirmación. Confieso que yo también lo dudo absolutamente y soy quien mejor co...

Ataraxia

Dicen los científicos que todos los seres humanos poseemos un sensor natural que nos hace reaccionar ante el peligro o el dolor; se trata de un mecanismo espontáneo de autoprotección. La madre naturaleza cuida de nosotros, no solo ante los patógenos foráneos, sino también ante nuestra propia incapacidad de protegernos. Si careciéramos de esta estrategia de defensa, tendríamos un grave déficit de inmunidad. Nuestro cerebro no reconocería ninguna situación de vulnerabilidad, quedando expuestos sin ser conscientes de que el origen de nuestro desamparo reside en nuestra propia deficiencia. Nuestra vida sería una constante perplejidad; no interpretaríamos las conductas violentas como tales. Nuestra respuesta más natural sería la no confrontar la agresión, actuar de manera pasiva ante nuestro verdugo. Casi todo el mundo responde al peligro a través del mecanismo fight or flight (luchar o huir). Aquellos que carecen de este instinto, permanecen impasibles ante un acto violento o un estím...

Sacrivicio

Pieter Brueghel el Viejo La pereza es la reina de los vicios y yo le rindo culto entre bostezos. Me temo que si no fuera por ella, ya me habría entregado desmadejadamente a los demás (vicios); pero eso significaría un gran esfuerzo, que me ahorro gracias a ella. Hay quien la relaciona -y hasta la confunde- con la vida contemplativa, tan ligada a la ascética y a los rituales de las religiones y filosofías orientales; mas ello supondría una cierta movilización espiritual, una expectativa de trascendencia. Y la pereza no es eso, sino pura pasividad, sin atisbo de virtud: ni hace nada ni nada espera. Ni es potencia ni es acto. Ni siquiera hace bueno aquello de que la montaña venga a Mahoma, porque ni por todos los dioses y sus paraísos renunciaría el perezoso a su dolce far niente , a su siesta letárgica, a cambio de un nirvana o un éxtasis místico, tan sacrificados. La molicie, por lo demás, provoca escasos daños colaterales o, en todo caso, leves daños a terceros. Desactiva las pul...

Tu vicio, mi vicio

"Yo tengo un vicio barato y antes que nada, legal. Gozo de anonimato que me da la oscuridad." Drexler, Tu voyeur Llevaba una existencia mediocre hasta que descubrí sus mieles. Para ser sincera, llevaba una existencia cobarde. Todo en mi vida era moderado, pautado, previsible. Mi iniciador fue Vlad, barbero en El Salvador. Me descubrió en un foro de arte y abrió para mí la puerta de un mundo virtual infinito y desconocido. Nos regalamos una mentira perfecta donde -una hora al día- eramos deseables, jóvenes y amados. La lección que aprendí con él fue que no tenía que conformarme con ser sólo yo, pudiendo ser tantas. Por eso, siendo aún Andrea, la novia de Vlad, me convertí en Tereza. Tereza tenía los ojos verdes y los labios carnosos, hablaba mal español porque era brasilera recién llegada al país. Los hombres morían por ella. Sin embargo, su inocencia era lo que más los cautivaba. Ángel nos enseñó a disfrutar del sexo virtual. Tenía el amor de Vlad y el sexo cari...