El amor, la muerte, el enano, la furcia (Quinta y última parte)


El Comisario Cortázar empezó a rascarse la bragueta mientras se mesaba la barbilla. El inspector Borges, que las veía venir de lejos, supo inmediatamente que su jefe estaba a punto de dar con un atisbo de presagio de embrión de pálpito, así que interrumpió la frase en seco y se dispuso a aprender de su jefe.
-Borges, nadie quiere soltar prenda.
- …
-En este pueblo, nadie parece saber nada. Como si estos hijos de madre se hubieran conjurado para ocultarnos lo concerniente a ese enano y a su furcia.
Borges oía al Comisario como si estuviera hablando el mismo Dios. Lo admiraba, casi lo idolatraba, así que oía con reverencia todo lo que le decía. Cortázar se levantó y apuró el cacillo de mate que se enfriaba lánguidamente en el infernillo de querosén. Seguidamente, se asomó a la ventana y continuó su soliloquio:
-Un enano putero, unos dicen que lo odiaban y otros lo veían normal. Unos que era la primera vez que entraba una pelandusca a su casa,pero otros que era lo habitual. El muy rijoso parece que ha muerto después de un polvo de los de salir a hombros, que ya me gustaría que la hora de mi muerte fuera así de gustosa. Y a todo esto, o la muchacha se fue medio desnuda o esque ha desaparecido… ¿Qué opinás vos, Borges?
-Yo, comisario diría que…
-Porque una cosa es que haya dos cadáveres y otra es que haya nada más que uno y un sostén y poco más. Es que no es lo mismo que haya dos víctimas o que haya una víctima segura y una asesina potencial que ha simulado su desaparición…
Borges contenía la respiración mientras asumía el monólogo. Sabía que, en un momento, aparecería una intuición, un cabo suelto que llevaría a la resolución del misterio. Era como un don, algo especial que nunca defraudaba.
Cortázar volvió a leer ese misterioso detalle del informe del forense: el cadáver tenía alrededor de la boca restos de flujo vaginal y de una sustancia parecida a la crema de cacao.

Pablo Picasso, Vieil Homme dapé Celestina et fille, 1971

-Borges, ¿por qué sólo había una cortina en el balcón del dormitorio de Melquíades? ¿Es normal?

-Yo no me di cuenta, Comisa…

-Faltaba la del lado izquierdo. Hay que ser más observador, amigo mío. Una sola cortina color marrón carmelita, porque la otra sirvió para hacerse pasar por monja y llegar hasta las Trinitarias… Despiérteme a ese cabrón del juez Sábato y que mande a los agentes Onetti y Roa con una orden de registro al convento. Allí está nuestra Irene.
-¿?
-Sí, no me ponga esa cara y haga lo que le digo, pendejo. Vamos a tener este endiablado caso resuelto en un par de horas.

***
-¿Cómo lo supo, Comisario?
-Era bien fácil. Melquíades fue siempre un rijoso sin escrúpulos. Se llevó por delante a más de una niña apenas púber, posiblemente a la propia Irene, que desde entonces está en el asunto. Mire, las mujeres no nacen putas porque sí. Son las circunstancias. La pobreza, la violencia… ¿qué sé yo? Unas tiran para puta y otras tiran para monja, que debajo de los ropajes o de la profesión, lo que hay es una mujer. Incluso, a veces, hasta se empieza por puta y se termina en el convento, como la madre Ascensión, que antes fue conocida como “la Morocha” en los bulines de media pampa, así que Irene planeó cargarse al viejo enano y refugiarse con su antigua compañera. De alguna forma, supo de su alergia, así que se untó sus partes en crema de cacao y Melquíades…
-Por lo menos fue una muerte dulce, che.
-Sí, eso sí…

7 comentarios:

  1. Atando cabos (y sin salir del continente ni del contenido)yo consultaría al juez Mario ,frecuentador de la Casa Verde (donde se canta aquello de "en casa de Irene, se canta y se bebe...") : Podríamos matar dos pájaros de un tiro y encontrar allí a la monja Villalobos en "misión" especial.

    Bien, bien, Alberto. Gran brindis por Malena (ya nos avisaste)

    ResponderEliminar
  2. Estamos de fiesta narrativa
    Alberto, has metido a mi Borges y a mi Cortaázar, entre otros, en la resolución del caso. Nunca te lo agradeceré lo bastante.
    Nuestros Melquíades e Irene han tenido una noble travesía bloguera.
    Hay que repetir el experimento cuentístico.

    ResponderEliminar
  3. Desde el primer momento, esta tórrida historia era argentina, netamente argentina: casi un tango. Como me disteis el camino bastante predeterminado, sólo tuve que buscar una solución al enigma y meter a pintorescos personajes, guiños a nuestra mitología literaria.
    Por cierto: como es la primera vez que prescindo de molestar a Ramón y hago yo el trabajo, veo que hay dos problemas, dos que no sé solucionar. Me une palabras que en el original iban bien, es decir separadas: "braguetamientras", "delejos"...
    La segunda cosa: no aparece el post vinculado a Alberto, como sucede con los demás.

    Jiuston, resuélveme los problemas.
    Gracias, Miguel y Emilio, por vuestras benévolas críticas.

    AG

    ResponderEliminar
  4. Cierto es que el tango está lleno de putas, putañeros y botones (policías). Nos faltan las Carmelitas, eso sí, y la manteca de cacao.
    ¡Una buena puta argentina lo mataba con sobredosis de dulce de leche! :)

    Muy buen remate, Alberto.

    PD: Si venís a Argentina, te presento a la Morocha. Largó los hábitos; ahora es psicoanalista.

    ResponderEliminar
  5. La Morocha, psicoanalista.
    Un beso, Malena. Te has merecido un beso. De admiración por la finura, por la hondura, por el remate grandioso.

    ResponderEliminar
  6. El exceso de virtud conduce al pecado. Es mejor hacer lo que Agustín de Hipona o Lope de Vega: llevar una vida licenciosa y, ya harto y viejo, vestir hábito y retirarse del mundo, en la paz de un convento.

    ResponderEliminar
  7. En hombre tan pequeño e infradotado no cabía sino una petit morte, a cuya resolución asistimos con el alma en vilo y tras un muy brillante desarrollo en viaje que va de la picaresca al realismo mágico, de la presentación de un enano buscón, cojuelo y enlazarillado hasta los peculiares Holmes y Watson desenmarañando en porteño, del by by precox al escroto contraído. Enhorabuena por este texto a diez manos.

    ResponderEliminar