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Atmósfera

En el velado espejo de los sueños se contemplan absortos los solitarios búhos de la noche. Su mirada perpleja no repara en la calle vacía. El tiempo se detiene con nostalgia de yuyo suburbial y alma de tango que una chica respira en otra latitud, en Buenos Aires, mientras la observa un tipo que se bebe el río de sus recuerdos llamado riografía. (Tras la ventana abierta, tal vez cuerpos desnudos se entrelacen al calor de la noche). Este grupo salvaje se diluye en la luz del espacio que destila el alcohol. Nighthawks de vuelo urbano, náufragos del asfalto derretido, noctámbulos heridos. Pasen, fantasmas del crepúsculo, ya ven que dentro hay sitio, tómense lo que quieran: Barra libre. Esta noche invita Duke Ellington.
Miguel


Duke Ellington's: Mood Indigo
Production: Len Hart
The Art of Edward Hopper
Portrait: Hedy Lamar
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Tierras volcánicas

Había decidido dejar enfriar su caldera para siempre. Después de un terrible divorcio, Carmen, no quería ni oír hablar de subir la temperatura de su cuerpo.  Hasta que conoció a José Manuel  con  los ojos incandescentes, la boca de infierno, el hoyo en la barbilla y entró en ebullición. Ya no le importaba haber tenido que ir  al congreso de geólogos. A partir de ese momento intentó, por todos los medios sentarse a su lado, acercarse con la menor excusa, con tal de que la caldera de vapor de José Manuel empezase a hervir.  Hasta que consiguió quedar a solas con él.
Fueron a un restaurante y durante la cena sus fumarolas no dejaron de humear. Después decidieron bailar; allí empezaron los besos apresurados, los recorridos de manos por sus cuerpos…Tuvieron que salir corriendo a coger un taxi para llegar al hotel. La lava estaba a punto de salir de sus respectivos cráteres. De un momento a otro iba a producirse la erupción.


A la mañana siguiente Carmen estaba muy contenta: su volcán no volv…

El deseo y la realidad

Los seis hombres se sientan en un rincón soleado alrededor de Mario. Les ha prometido un cuento lleno de intensidad y saben que no los va a defraudar, que siempre cumple las expectativas. Cuando le encargaron un cuento sentimental y les contó aquel en que una mujer abandonaba a su marido porque la había decepcionado, todos terminaron con lágrimas mal disimuladas en los ojos, y eso que a ninguno de ellos se le puede acusar de ser un blandengue ni de que les falte lo que hay que tener. Y cuando les contó el del padre al que sele murió un hijo pequeño, supo transmitirles tal patetismo que el silencio emocionado se podía cortar. Saben ya que es un narrador excepcional y la rutinaria inactividad los obliga a buscar la emoción de sus cuentos, que, al decir de Manolo, “el Murciano”, los mejora como seres humanos. Mario es argentino y llegó a España cuando era próspera, cuando el dinero salía alegremente de cualquier cartera. Consiguió un privilegiado empleo, pues labia no le falta. Es un homb…

Primer beso

Como todas las noches se acostaron juntos, desnudos.
Cuando él se durmió, ella acerco la nariz hasta su cuello. Le gustaba ese olor fuerte, tan distinto al suyo.
Apoyó la mejilla en el pecho liso de su compañero, cubierto de  vello, mientras palpaba su propio pecho identificando las diferencias.
Después examinó su cara cuidadosamente, sin perder detalle. No pudo distinguir los labios, cubiertos por la barba. Hurgó suavemente con la punta de los dedos hasta encontrarlos. No eran distintos pero presintió que no tenían el mismo sabor. Para satisfacer su curiosidad los entreabrió con sus propios labios y hundió la lengua en aquella boca.
Entonces Adán despertó.

Microzoología fantástica

Vacas El pastor se queda dormido con el libro de Kafka en las manos. El libro termina cayendo. La vaca se acerca y lo olisquea. Le da fuerte con el hocico y ve con interés que no se rompe. Entonces abre la boca y empieza a buscar el modo de comérselo. Se la ve con entusiasmo, se aplica en la mordida, en la ingesta de las hojas. De pronto bizquea, da arcadas, mueve arriba y abajo la cabeza y suelta un eructo no muy sonoro, la verdad, pero que despierta al pastor. No es la primera vez que escucha a una de sus vacas soltar un eructo, pero nunca había visto ninguna que tuviera unas alas de insecto en el costado.
Hormigas La hormiga cubrió la distancia que la separaba de mi zapato en una tarde entera. La vi avanzar sin desmayo. Tampoco sabría ahora decir si le costó o no. Sé que se plantó allí delante y no se movió en un par de horas. Mientras que ella se desplazaba, yo leía. Nunca había sentido esa compañía tan insignificante. La de la hormiga avanzando, acercándose poco a poco al sillón e…