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Mostrando entradas de octubre, 2011

Emilio, el amor y el espanto

Supo que podía encontrar la última copia de aquel libro en el Ateneo de Buenos Aires. El dato le había llegado en un sobre cerrado sin remitente, pero al leerlo descubrió la letra del gran Cobo estampada en el papel. Agradeció en silencio a su amigo y sintió que la culpa lo carcomía. ¿Qué habría sido de Miguel si él no lo hubiera iniciado en aquella locura? La idea de viajar al país de Borges lo entusiasmaba, pero no quería perder el eje de su búsqueda. Ya tendría tiempo después de recorrer las calles de San Telmo, cuando hubiera cumplido su misión. Recordó las líneas que el maestro le había dedicado a aquella ciudad y sintió que le calzaban perfecto también a él: no nos une el amor, sino el espanto. Se dedicó a planificar cuidadosamente el viaje. Los amigos de la Barralibre Jazz Ensemble podían ayudarlos. Raymond y Albert habían estado de gira por Argentina y habían traido con ellos a una mujer que cantaba tangos. Malena le dio la dirección exacta del Ateneo, pero trató...

Raymond Kiss (a. O'Nyass)

Cuando Raymond era un adolescente en el prestigioso y elitista college , tenía una imaginación tan desbordada como sus hormonas. Sabía que debía labrarse un futuro glorioso, pero dudaba entre convertirse en un famoso hispanista (le apasionaba el s. XVII literario español)o en un cineasta de prestigio (soñaba con dirigir a Rita Hayworth, con filmar Ciudadano Kane o un péplum con una gigantesca masa de extras, a lo De Mille). Había más opciones en su imaginación: ser un acaudalado hombre de negocios, un selfmade man indiscutible; o convertirse en un poeta de prestigio, un nuevo T. S. Elliot; no desechaba ser un nuevo Nijinsky, o un Henry Ford que revolucionara la producción industrial, aunque había veces en que lamentaba no haber nacido negro para ser el nuevo Miles Davis o gitano para cantar flamenco con la hondura necesaria. Por lo pronto, había escrito un cantar, imitando el viejo Beowulf , con un héroe llamado O’Nyass, seudónimo que usó y alias con que se le conoció desde enton...

¿Qué fue de Miguel Cobo?

Todos tenemos malas rachas, pero cuando éstas se dilatan, comienzas a pensar en destinos, hados y mal fario; tiras balones fuera, culpando al infortunio de tus desgracias. Por aquel entonces, mi vida laboral se resumía a dos artículos y tres reportajes en un año, la mayor parte de ellos publicados en periódicos de tercera. Necesitaba un golpe de suerte y éste llegó sin buscarlo. Creo que desde aquel día soy un poco más espiritual; no mucho, la verdad, pero de alguna manera debemos justificar nuestra buena suerte. A veces maldigo haberme educado en un hogar católico. Te entrenan para considerar la felicidad un milagro involuntario y el infortunio un hecho natural. Por cierto, me llamo Ramón, Ramón Besonías. Desayunaba en el bar de siempre, El perol , una cafetería diminuta, con tres mesas apiladas a lo largo de un pasillo estrecho. Carmen y Juan ( los Mellis ) regentaban el lugar desde que era un crío. Antaño era muy frecuentado, pero la crisis acabó poco a poco convirtiéndolo...

Malena en su laberinto

Por una vez fue Ulises el que esperó a Penélope destejiendo las horas. Vi pasar a Malena -al aire sus cabellos- y me quedé silbando, como si fuera Bogart, con aire despistado durante una semana hasta que retornara (¿no me dijiste eso, que tan solo silbara?). Ella vive su tiempo de primavera en ciernes del  octubre porteño acariciando sueños de tangos aún inéditos, mientras las hojas muertas se posan en los parques del hemisferio norte con la voz de Yves Montand. El alma de Malena es como un laberinto donde se encuentra el Aleph como única salida. Ella dibuja enigmas de inefable belleza con su sonrisa dulce de Gioconda argentina. Es gacela o tigresa, según a lo que quieras jugar en su tablero.  A doble o nada apuesta, sabiendo que al final ganará la partida. Arma siempre el modelo de palabras sutiles como una Maga sabia amante de Cortázar. Su canto de sirena suena a bandoneón  con aires de Piazzola y acordes de Oblivion.  Es tierna y es valiente...

El atril astral de Rigoletto Granados

" Soy ciudadano de un país que resulta difícil tomarse en serio" Alberto Granados , España cañí Hete aquí, oh fatum pancósmico, oh gran toxina celestial, al bueno de Rigoletto en su atalaya astral, registrando el ruido que hacen las cosas al caer, anotando en su libro de cuentas, en su diario doméstico, los nombres de las cosas, el vértigo de las palabras, el chumba chumba con el que el azul del cielo nos distrae de la pena grande de saber que, al final, mal que nos pese, acaba por morirse uno, como dijo el poeta, pero antes del cierre de las válvulas, oh fátum del hipertexto sentimental, oh trama de causa y de azares, el bueno de Rigoletto ha decidido fugarse de la cárcel de su cuerpo y vigilar desde bien arriba, ya digo, astralmente, voraz y lúdico, enfebrecido y encabronado, contemplando el ir y el venir de los hombres y el abrir y el cerrrar de sus pasiones; es éste el cronista de su quebranto, soy yo, al cabo, el que no se toma en serio el país en que vive, el ...

Monstruos

No hace demasiado tiempo, pasaba mis días enseñando inglés (al menos eso intentaba) en un centro docente. Mi público eran los críos de tres a doce años de Infantil y Primaria. Cuando llegaba el momento, preparábamos el Reading Day, para que coincidiera con el Día de la Lectura decretado por el Junta de Andalucía (15 de diciembre). Durante muchos años, el reader que más gustó mi alumnado, al margen de edades, era este "Where's my baby?", de Julie Ashworth y John Clark, de Editorial Pearson. La Sra. Monster ha perdido a su bebé. ¡He perdido a mi bebé! Por, favor, ayúdenme. -¿Es éste su bebé? -No, mi bebé no es rojo. -¿Es éste su bebé? -No, mi bebé tiene una cabeza. -¿Es éste su bebé? No, mi bebé no es verde. -¿Es éste su bebé? -No, mi bebé es lindo y limpio. -¿Es éste su bebé? No, mi bebé tiene una nariz. -¿Es éste su bebé? No, mi bebé tiene diez dedos en los pies. -¿Es éste su bebé? N...

De dioses, pulpos y monstruos

I Mientras que en Europa estamos ya de vueltas de los constructos mentales que durante el Medievo erizaron el ardor piadoso de las masas, en United States aún hay estados, como el de Kansas, que siguen congelados en el siglo X. Eso sí, las premisas se han vuelto más sofisticadas, mezcla de pseudociencia y bíblia integrista. Allí lo llaman teoría del diseño inteligente. En Europa, más escépticos, acostumbrados a que nos den rata por liebre, decimos a priori no a estos cuentos y preferimos pensar, como los griegos, que si Dios hizo el universo, ya se pudo lucir y hacer unos arreglos sobre la marcha. Los dioses, de existir, están locos o borrachos, o quizá no realizaron el curso reglamentario que les capacita para ser un dios como dios manda. Nuestros antepasados animistas, cuando veían que la suerte les daba de lado, no rezaban con sumisión, pidiendo misericordia y buenaventura a su dios. No, ellos solucionaban el asunto por la vía pragmática: directamente arremetían contra su tótem,...

El desierto de los ácaros

El silencio se extiende con su densa niebla de desasosiego sobre el vasto desierto de la noche. No es un silencio puro, envasado al vacío; es un silencio espeso y ominoso que se filtra entre los intersticios glaciales del insomnio. Un silencio invasivo, como un rumor sordo, que produce sudor y dota de pavoroso prestigio a cualquier alteración de su poder magmático, inoculándonos un miedo intravenoso, ya paralizador, ya taquicárdico: El crujido de un mueble, la leve agitación de la cortina, la fugaz sombra que refleja el espejo… Tras la puerta del dormitorio, el pasillo se alarga como un túnel poblado de acechanzas invisibles. Ahora no es silencio. Es ya un zumbido nítido, percibido por nuestro oído hipersensibilizado, aguzado por la dilatación de las glándulas que generan profusamente las endorfinas del terror. Anatomía de la angustia. Y lo grave es que no se trata de una mera alteración del equilibrio emocional, provocada por tal cúmulo de “ruidosas” incidencias. Se t...

Aviso a la población

Perdón, señorita. Creí que mi representante había aclarado este punto antes de la entrevista. Nada de fotos. Vamos, que uno será un monstruo pero tiene su corazoncito. Ya bastante tenemos con las madres alejan espantadas a sus hijos de nosotros y los gritos de horror que largan algunas viejitas cuando nos cruzan en la calle. Los hombres no. Ellos ponen cara de superados, pero se aferran a sus maletines y se les llena la frente de sudor. La verdad es que no sabemos bien como empezó todo. Uno puede entender que el miedo puede servir para protegernos de situaciones peligrosas, claro, pero lo inexplicable es de donde sacaron la idea de que lo peligroso tiene que ser enorme, con formas raras, muy feo u oloroso. Vea, sin ir más lejos, la historia de Hansel y Gretel. El padre los lleva al bosque para que se mueran ahí, pero el monstruo es la pobre señora fea que los recoje en su casa. Mire que teniendo una casa de chocolate se iba a querer comer a esas dos criaturitas flacas, por favor. ¿E...

Jabberwockies, napalm semántico y el capitán Ahab en cubierta, escupiendo odio

A Howard Phillips Lovecraft "Érase una vez una coincidencia que había salido de paseo en compañía de un pequeño accidente; mientras paseaban, encontraron una explicación, tan vieja, tan vieja que estaba toda encorvada y arrugada y parecía más bien una adivinanza" Lewis Carroll , Silvia y Bruno , 1.889 El monstruo más cercano que tenemos es el que nos mira desde dentro. Eso es lo primero que se me ocurre cuando pienso en monstruos. Yo mismo he visto al monstruo salirme del pecho como al personaje de Alien y lo he contemplado desde arriba y él me ha contemplado desde abajo con inaudita armonía, como si nos conociéramos de toda la vida, pero en fin, no nos pongamos trágicos, no tengo hoy ganas de afear el domingo con pensamientos tan tristes. Vamos directamente a la alegría de la ficción. Entremos, oh hermanos de barra, en la fiesta de los monstruos, pero no se amedren ni teman. Están aquí los mejores monstruos, los que han demostrado a lo largo d...