Raymond Kiss (a. O'Nyass)


Cuando Raymond era un adolescente en el prestigioso y elitista college, tenía una imaginación tan desbordada como sus hormonas. Sabía que debía labrarse un futuro glorioso, pero dudaba entre convertirse en un famoso hispanista (le apasionaba el s. XVII literario español)o en un cineasta de prestigio (soñaba con dirigir a Rita Hayworth, con filmar Ciudadano Kane o un péplum con una gigantesca masa de extras, a lo De Mille). Había más opciones en su imaginación: ser un acaudalado hombre de negocios, un selfmade man indiscutible; o convertirse en un poeta de prestigio, un nuevo T. S. Elliot; no desechaba ser un nuevo Nijinsky, o un Henry Ford que revolucionara la producción industrial, aunque había veces en que lamentaba no haber nacido negro para ser el nuevo Miles Davis o gitano para cantar flamenco con la hondura necesaria. Por lo pronto, había escrito un cantar, imitando el viejo Beowulf, con un héroe llamado O’Nyass, seudónimo que usó y alias con que se le conoció desde entonces.  

El hecho es que la guerra arrebató a su familia el portentoso caudal que poseían y bastante tuvieron con evitar los campos para judíos. Llegaron a Estados Unidos con lo puesto, y los sueños de gloria de Raymond quedaron en un mero posibilismo que no miraba más allá de sobrevivir unos cuantos días, tal vez pagar el alquiler una semana más o llegar a fin de mes.

Consiguió dar clases de Lengua y Literatura Españolas en un centro para hispanos, se inscribió en un conservatorio y empezó a tocar el saxo tenor. Puso en todo ello el mismo empeño que sus antepasados habían puesto en amasar una inmensa fortuna y en breve tiempo se convirtió en el indiscutible jefe del Barralibre Jazz Ensemble y gozaba creando repertorios, estableciendo calendarios, preparando la programación del club de jazz que dirigía el baterista Albert "Rig" O’Letto, un hispano cínico y socarrón que se tomaba la vida como si fuera la más divertida broma macabra.


MARSHA HAMMER Jazz Ensemble

Ray componía standards, experimentaba tempos, apuraba melodías y ritmos mientras pensaba en la mujer pelirroja de la barra, un enigma que tenía intrigados a los chicos del ensemble. Hasta Malena, la dulce pianista argentina que cantaba tangos como lo hubiera hecho Nina Simone, lo decía a veces:
-Che, Ray, esa mina te cagará la vida. ¿Oíste, atorrante? Su cafiche es lo menos recomendable. Pasá de la piba y buscate otra. Somos muchas chicas en Manhattan y vos te enamorás de la más peligrosa… ¿En qué pensás vos? Hacés de tu vida una pura pavada…
Pero Ray era de los que en todo encontraban un desafío, así que ignoraba los sensatos dictámenes de Malena, hacía con los dedos un compás y Miky Cobbiano empezaba las escalas del bajo, mientras Emil Bald apretaba los labios alrededor de la boquilla de su trompeta, pensaba en el viejo Satchmo y hacía fluir una auténtica cascada de blues. Un par de compases después, Albert "Rig" O’Letto pasaba suavemente las escobillas sobre el parche, Malena atacaba con el piano y ponía voz de gacela, en tanto que Ray, el soñador Ray, miraba a la pelirroja. La música fluía, plena, durante unos instantes y la chica subía su copa, la pasaba por los labios, como en un beso mágico y lleno de promesas, y el viejo Ray se deshacía en arpegios, tocando su saxo con pasión. Una noche tras otra, la misma peligrosa liturgia, la misma eucaristía, el mismo ritual, cargado de imposibles, el mismo desafío a los matones, que lo miraban amenazadores. Todas las noches La pelirroja y Raymond tentaban a la suerte.  
Miky se lo decía:  
-Una de estas noches te encontrarás con la realidad de la vida. Te pueden matar…  
-Sí, pero mientras estemos aquí, hay que desear esos labios, ese cuerpo, esa promesa... Si no nos dejamos llevar por la vida ya estamos muertos.
Y Malena dejaba escapar dos lágrimas, no sabía bien si por ella misma o por la muerte de Ray, siempre inminente, siempre al alcance de un instante.
La noche en que la pelirroja no acudió por primera vez, Ray la echó de menos, pero respiró aliviado. Muchas noches más espió la barra sin encontrarla. Su música fue entonces la mejor, la más sentida, la más profunda. Fue el gran momento del ensemble, cuando firmaron un buen contrato con la Vervet, cuando consiguieron una ventajosa gira por Europa. Cuando encontraron en el Hudson el cadáver de una mujer blanca, de unos treinta años, pelirroja, alta y delgada.
Pero Ray no vio nunca la foto ni leyó la noticia en el periódico: él estaba en París con los del ensemble y tenía entre los brazos a una chica preciosa que había conocido al terminar la actuación en el cabaret más selecto de la ciudad.

9 comentarios:

  1. "Si no nos dejamos llevar por la vida ya estamos muertos". Sabias palabras don Granados, pero a ver si nos entendemos: Malena es patrimonio nacional. Es la joya de la Pampa Argentina. En Pehuajó hay una estatua de la Tortuga Manuelita y otra de 10 mts de alto de ella. Hecha en bronce.
    Pero para que no se vayan con las manos vacías le ofrecemos a la rubia Mireya. Hay que hacerle chapa y pintura, ajuste de válvulas y el baúl lo debe tener caido, pero anda...
    Se la mandamos con Ramón a modo de compensación por el mal rato que pasó en la 5 (pero acordate que yo te avisé macho...)

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  2. El sueño eterno fluye en la barra entre humo y blues y el Jazz Ensemble se crece en esa atmósfera en la que sólo los perdedores ganan. Ray es un blanco con alma de negro. Tal vez por eso desprecia el futuro.

    Albert, ojalá el sueño se haga realidad: Vendería mi alma por ser Miky Cobbiano y levantarle alguna que otra rubia platino al libertino Ray. Siempre nos quedará París.

    Y no digo que el texto es magistral por si alguien me llama "cobista"

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  3. Releo el texto y me pregunto, si el alias O'Nyass, no habrá sido un error tipográfico y originalmente se quería llamar: Oh My Ass.

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  4. Y como si esto fuera poco el password para el texto anterior era ingle, inglés, y zona cercana al culo (con algo de imaginación...) No, si algunas coincidencias algunas veces son motivo de escalofríos. Me voy a prender una velita a San Expedito!

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  5. Viva la síncopa, Alberto. Vive en las volutas del humo del local del que me enamorado. Está uno allí, aunque esté aquí. Uno está donde le deja su fantasía, y la mía está contigo, con el resto de la banda. El sr. Bald está disfrutando del nuevo disco.

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  6. ¡Quién me mandaría a mí ser cristiano! Lo del budismo se ajusta más a mis expectativas. Puedes rebibinar y rehacer tu vida; ser otro tras diñarla, reinventarte. El catolicismo solo te da una oportunidad; mucho libre albedrío, pero te la juegas a una vida, todo o nada.

    Mañana mismo pido la excomunión y llamo al Dalai. Prometido.

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  7. Ya sabía yo que Raymond B. O'Nyass no podía dejar a Barralibre Jazz Ensemble por esa pelirroja loca.

    Quizás en su próxima vida.

    Ahora los dejo. Tengo que cantar el último tango en París.

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  8. A. Torrante: No me extraña que hayan "estauizado" a Malena: la chica vale mucho más que eso. Lo que hay es que llevarle flores al pedestal, como a las divas. Es que se quedó en París, tras cantar el último tango. Es muy feliz con un ruso cojo que llegó huyendo de los nazis y... (To be continued).

    Miguel, todo cuanto hago, después de cuarenta años de escuela tiene que ser, por fuerza, magistral: propia de un maestro. Otra cosa es que tenga mérito. Ahí ya...

    Mr Bald, cuídese la boca, que si le salen llagas nunca llegará a Satchmo. Ensaye La vie en rose unas doce horas al día y dedíqueslo a Malena.

    Raymond: esto va por buen camino. Prepara ya el repertorio de invierno (excluye, por favor, Jingle Bells). Da a los muchachos más oportunidades de jam session, innova... y paga una ronda, que ya te vale.

    Malena, me tienes que cantar un tango a lo Nina Simone. Aunque sea el último en París. Después vamos a londres, Venecia y Brerlín, pero allí se está poniendo la cosa fea.

    Nos vemos en los bares.

    AG

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  9. Ato el deschavador de divas26 octubre, 2011

    Alberto, igual aclaro que Malena sigue vivita y culeando...La estatua la hicimos para despitarlos. Pero shhh, que quede entre nos, ok?

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