La nueva Presidenta de Castilla-La Mancha ha decidido comenzar su mandato embutiéndose el uniforme oficial que ejemplifica con claridad la batería de valores que promete predicar a partir de ya en esta España nuestra, secularizada por el ateísmo invertebrado de Zapatero -azote de Dios-, que ha llenado las plazas de España de maricones y perroflautas y ha hecho sucumbir a la ciudadanía no solo bajo la guillotina del paro, sino en una ausencia de valores patrios que en su día fueron santo y seña de nuestra esencia nacional. Amén, Dios mediante. Ha nacido una nueva Agustina de Aragón, la primera presidenta castellano-manchega y olé, adalid sin mácula del catecismo español. Así se presentó María Dolores, la doña, durante el Corpus Christi toledano, abandonando su acostumbrada elegancia civil, sobria pero eficaz, de su etapa como senadora en las Cortes, para pertrecharse el hábito costumbrista -heredado de la realeza decimonónica- de peineta en mantilla negra (en clara alusi...