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Mostrando entradas de febrero, 2012

La peste

Paradójicamente, mucho de lo que sé de los dictadores proviene de los gags que los cómicos inventan para ridiculizarlos. Se convence uno de que la vía más inteligente para no encabronarse en demasía sale del humor. En ocasiones no se precisa el concurso de un humorista sino que es el propio dictador el que provoca que se tome todo lo que sale de su persona a chota, pero los muertos alfombran las avenidas y al pueblo lo diezma su tiranía. En esa balanza el humor sale siempre perdiendo. Las demás cosas que sé de los dictadores las adquiero involuntariamente. No existe un deseo de alcanzar un conocimiento. No busca uno en el google el ránking de países en donde se vulnera con más ahínco la carta de los derechos humanos. No entra en mi planes de ocio leer biografías desejemplarizantes o sentarme frente a la pantalla y ver un biopic sobre un tirano bananero o un reyezuelo del trópico. Lo que me irrita más poderosamente de esos simulacros narrativos es la posibilidad de que haya algo ...

El frío

-Niño, que te levantes, que ya te lo he dicho dos veces. La próxima te la va a decir esta –y yo, sin necesidad de abrir los ojos, sabía que me estaba enseñando aquella alpargata de paño con la que a veces imponía su autoridad entre nosotros. Mis hermanos ya estaban levantados y la casa olía a tostadas y a leche quemada, a café y mantequilla, pero yo me resistía a dejar el calor de la cama hasta que ya no quedaba más remedio y la amenaza de mi madre podía pasar a algo más que palabras, pues alguna vez me había llevado un zapatillazo “para domesticar a la tribu”, como solía decir mi padre. Mi madre ya me había preparado la camisa limpia, los calzoncillos, los calcetines zurcidos, los pantalones cortos… y yo empezaba a vestirme casi debajo de las pesadas mantas, de manera que me quedara algo de ese calor de la cama, pero mi intento era vano, especialmente a partir del momento en que metía los pies en aquellas zapatillas con suela de una goma espesa y maloliente, fría...

Always Franco

Cuando era un niño (bueno, ahora también me sucede en alguna que otra ocasión, aunque con mayor contención argumental y menos efectos especiales), soñaba que tenía la facultad de congelar el tiempo. Imaginaba que a un seco chasquido de mis dedos, seres y objetos enmudecían, dejando a mi libre albedrío la voluntad de obrar a gusto. Entrar en las dulcerías y desvalijarlas, correr entre los coches, tirar petardos en el colegio, hacer aquello que mi desprejuicida imaginación o las normas familiares me impedían realizar. Quizá por ello entiendo el gozo inefable de Eugenio Merino, autor de Always Franco . Criogenizar al Caudillo, convirtiéndolo en un icono pop, apto para el consumo de masas, viene a ser como recrear el primer polvo cósmico de tu adolescencia. Sí, ya sé, puestos a elegir, mejor el cuerpo corruptible de Angelina Jolie. Faltaría más. Pero esto es lo que hay.   Tener para ti solo, embutido en una nevera, el cuerpo incorrupto del Generalísimo, quizá no sea un e...

Microhistorias del frío

           Jack Spencer – Vigía del mundo - 2000 Descubrieron el frío en medio del océano. Desde el cielo caía sobre el frágil cayuco una lluvia de sueños en la noche de enero. Un helor de silencio sobrevino al naufragio. Notó el tacto frío de su falanges descarnadas. La gélida caricia congelaba la sangre. Con el último aliento se atrevió a susurrarle: -Madame La Mort, supongo. Arrastra su miseria por la calle, encogido de frío. La sombra de la noche, como una nieve negra, se enreda en sus harapos. Hace un silencio helado: ni una palabra tierna para engañar al viento. Buscará unos cartones y un cajero automático para cuajar un sueño. Las estrellas urbanas carecen de sentido entre neones húmedos. Mas le asalta el recuerdo de una canción de cuna en voz de una mujer que él recuerda muy dulce, en una humilde casa parecida a un hogar. Transcurridos seis siglos despertó de su sueño criónico, pero el dinosaurio ya no estaba allí. El frío d...

Defensa al frío

El calor tiene buena prensa, el calor es sensual. El verano es amigo de los romances pasionales y pasajeros. Vayamos más lejos: la pasión es roja, como el calor. Con eso está todo dicho. Pero lamento decirles, amigos míos, que he venido hasta aquí a destruir el mito. El verano apesta. Y cuando digo esto, créanme que lo digo en el sentido literal del término. Después de 8 horas de trabajo de oficina, cerca de esa ventana donde te pega el sol toda la perra mañana, no hay desodorante que no te abandone. Por otro lado, los que hablan del romanticismo en época estival son los que están gozando de unas bellas vacaciones al borde de algún espejo de agua. A mi que no me hablen del roce de los cuerpos cuando el termómetro marca cuarenta grados a la sombra y estás en el microcento haciendo la cola del banco. En cambio ¿hay algo más lindo que apoyarle la cola fría a tu compañero en la panza en pleno invierno? ¿Y qué me dicen de plantarle el pie helado entre sus piernas para que lo calien...

El frío es una república de lobos

1 The Tolstoi Experience En la literatura rusa de los trenes que descarrilan en el invierno y las penurias de los escritores jóvenes a los que hieren el amor y los naipes es en donde hace frío de verdad. Uno coge al azar uno de esos libros maravillosos, tachonados de las ricas peripecias que sufre el alma, y se le hielan las manos. Con solo leer el título se aprecia el frío escalando la espalda como una lagartija salvaje. 2 Fellowship Igual que los ríos van a parar a la mar que es el morir, el frío carece de trayectoria, el frío prescinde del volumen. El frío es un invento de los poetas románticos o un capricho de algún dios caprichoso y rudimentario, confinado a su retiro maximalista, impartiendo su cátedra homicida, su cuchillo de palabra. 3 Una república de lobos El frío sucede siempre en el interior. Existe porque desciendo a mi adentro y me encuentro solo. El frío es una república de lobos. Mi palabra es una bandera sin público. 4 El poeta siberiano Cae la ...