Microhistorias del frío

        
 
Jack Spencer – Vigía del mundo - 2000

Descubrieron el frío en medio del océano. Desde el cielo caía sobre el frágil cayuco una lluvia de sueños en la noche de enero. Un helor de silencio sobrevino al naufragio.

Notó el tacto frío de su falanges descarnadas. La gélida caricia congelaba la sangre. Con el último aliento se atrevió a susurrarle:
-Madame La Mort, supongo.

Arrastra su miseria por la calle, encogido de frío. La sombra de la noche, como una nieve negra, se enreda en sus harapos. Hace un silencio helado: ni una palabra tierna para engañar al viento. Buscará unos cartones y un cajero automático para cuajar un sueño. Las estrellas urbanas carecen de sentido entre neones húmedos. Mas le asalta el recuerdo de una canción de cuna en voz de una mujer que él recuerda muy dulce, en una humilde casa parecida a un hogar.

Transcurridos seis siglos despertó de su sueño criónico, pero el dinosaurio ya no estaba allí.

El frío del bronce en los candelabros de la noche  me hiela la sangre. El viento del norte inclina los cipreses azules. Aúllan los lobos. El vaho del espejo me impide ver su rostro...Lo desempaño...¡Se ha ido!...¿Se ha ido?...Siento tras mi cuello un súbito aliento helado. Tiemblo.

Las rosas sobre el mármol me prestan este instante de silencio en tus ojos.Fueron mías las palabras que ves aquí grabadas. Las escribí una noche en que la nada vino  disfrazada de música. De aquella eternidad esto es lo que nos queda.Pero, dime, ¿eres tú? Percibo en las estrellas el frío (sí, digo el frío), el frío del verano.