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Mostrando entradas de enero, 2012

El lugar más hermoso del mundo

Creo que en pocas ocasiones de mi vida me he sentido más feliz que el día en que mi hijo me hizo esta fotografía en los Picos de Europa, zona cántabra. Lo fui de un modo absolutamente limpio. No habiéndome sentido casi nunca preso de nada, en ese instante me sentí libre del todo. Lo de la libertad es un concepto que no he manejado nunca mucho. Pensar en si uno es feliz o no tampoco me perturba en demasía. Sé que la felicidad es un arrebato, un subidón de endorfinas, algo que no está ni siquiera bien que dure demasiado tiempo. Sin meterme en honduras metafísicas, prefiero la alegría, ese esparcimiento ufano del alma. Pero ahí arriba, mirando al cielo, empequeñecido por la fastuosa naturaleza que me circundaba, sentí la súbita consciencia de que estaba viviendo un momento extraordinariamente único. Me ha pasado otras veces y lo he sentido igual o de parecida manera, pero creo que nunca de una forma tan intensa. Lo que ahora razono (y al razonar se pierde un poco el misterio y el as...

… para lo mismo responder mañana

…si es que no tengo la fuerza de voluntad de hace sólo unos años… si me lo digo continuamente: Alberto, no tienes arreglo, dejas pasar el día papando moscas, metido en tus ensoñaciones, convencido de que de tal idea saldría un magnífico post, de que eso que has leído en el periódico, o has oído por el patio, o ha contado una vecina chismosa en el supermercado, esa estupidez, es materia narrativa de la que saldría un magnífico relato, pero para qué me voy a esforzar, si el tedio me inunda, si la ilusión de antes se está convirtiendo en rutina, si esto ha dejado de interesarme… y entonces surge la pregunta-puñalada: ¿y entonces qué hago, todo el día solo? ¿a qué dedico el tiempo libre? Y tras pensarlo bien, abro uno de los blogs habituales, leo el post que tal o cual blogger ha escrito, con toda su ilusión y le doy a insertar comentario, pero ahí, agazapada, sale la apatía y me salgo, firmemente decidido comentar mañana, sí mañana, que me amanecerá un día mucho más esperanzador, aun...

Algún día...

Mi único propósito -o mejor, entelequia transutópica- reside en poder alargar el suspensivo de los puntos de un algún día  remoto, far far away . Pero (¡qué le vamos a hacer!) nací bajo el yugo de la responsabilidad. Soy de los que ven la línea asimétrica de unos folios apilados y corre raudo a corregirla. Dejé tan solo un libro sin leer, quizá dos películas, y aún siento el aliento de algún santo recordándome mi traición.  No piensen ustedes que soy perfeccionista, no. Mi pecado es la soberbia; me reafirmo en ser esclavo de mis cadenas. No amo el buen resultado, sino el compromiso con la obra. Pienso quizá que debo ser fiel a mis quimeras, pese a que la realidad corrobore con pruebas irrefutables la inconveniencia de mi obstinación. Quisiera dejar para después lo que pude hacer anteayer, pero acabo cediendo al minutero de mi horario. Esta terquedad, sin embargo, no va acompañada siempre del puntillismo que debiera. Me entrego con tanta pasión a mis quehaceres c...

Agenda 2012

Enero. Dejar de poner palabras-bomba en la línea de flotación de la conciencia. Febrero. Bisestear en el invernadero, musitando palabras de amor (ansiedad, de tenerte en mis brazos) Marzo. Declararme insolvente cuando vengan a hipotecar nuestro futuro. Abril. Anotar en mi cartera, un día de lluvia, olmo, la gracia de tu rama verdecida. Mi corazón espera otro milagro de la primavera. Mayo. Despolinizarme y polinizarte. Junio. Volver a riografiar las orillas del amor, cuando la luna ilumine el solsticio. Julio. Procurar que ni una lágrima más caiga en la arena, en aquella playa desierta, cuando el sol dore tu piel (y no estoy hablando de ti, María Isabel). Agosto. Volver a pasar por el camino verde y crepuscular que va a la ermita, para comprobar si, desde que tú te fuiste, aún siguen llorando de pena las margaritas. Septiembre. Día 7: Volver a escuchar juntos y solos en la madrugada Dio come ti amo , como si el tiempo no hubiera pasado. Día 26: Volver a cre...

Yo me propongo

Por esas cosas del destino, escribo mi listado de pretensiones para este año el viernes trece. No es que una sea una mujer supersticiosa pero, vamos, el primer 13 de este año bisiesto es viernes y con la profecía maya sobre nuestras cabezas. Parecería que lo más coherente que se puede desear es llegar al 2013. Pero no nos pongamos fatalistas que tenemos todo un año por delante. Vayamos al listado que nos compete. Lo primero que me propongo es no tener propósitos que no pueda cumplir. No hay nada más frustrante que llegar a fin de año y descubrir que seguimos con el mismo peso, el mismo auto, igual trabajo, mismos vecinos y sin pintar la casa. Así que este año, señores, no me voy a anotar en el gimnasio. Sépanlo. A cambio, haré un esfuerzo por tomarle un poco más de cariño a mis caderas anchas, que al fin y al cabo me vienen acompañando desde hace rato sin quejarse. No pienso dejar de comprarme ropa en esa tienda carísima, cortar el césped y lavar el auto con mis p...

Pequeño manual de adiestramiento espiritual

I Siendo caprichoso y de inclinaciones volubles como soy, no me puedo permitir redactar un acta de buenos propósitos para el año recién empezado. En todo caso puedo hacer lo contrario y firmar una que contenga los vicios a los que encomiendo la salvación de mi alma. Aparto las buenas intenciones en la certeza de que no tendré tesón para cumplirlas. Alma debo tener una por ahí adentro y exige su peaje. La abastezco y se queja como sabe. Me pide lo que le gusta, aunque eso a la larga me salga caro y me robe el sueño y la concentración durante el día. Ayer quería no ir a trabajar la muy zorrona. Quedarse acuartelada en casa, atrincherar la modorra de la libranza navideña y ampliar en lo posible el plazo de regreso al campo de batalla. Le dije que no sin entrar siquiera a negociar las condiciones de su reivindicación. El trabajo es sagrado, le confesé. El orden sirve para arrojarse de bruces, hocicando a capricho, a posta y con oficio, al bendito desorden. Conste que hay asuntos ...