Samuel Espadas, detective privado


-Siento haberte hecho daño. De verdad, mujer... es que me he asustado y... 

-No te preocupes, Samuel. Son las cosas del oficio, ¿qué te voy a contar a ti? 

-Si el caso es que tu cara me sonaba... –Samuel omitió piadosamente que la encontraba un poco más gorda, más estropeada, envejecida-. Y desde que estoy con el caso de Calvin Moran, vigilando a esa viuda, creo haberte visto unas diez veces o más, pero cuando ha saltado la alarma, cuando he comprendido que alguien me seguía, me ha salido el oficio y te he tendido una trampa. Tú hubieras hecho igual, supongo. 

-Que no te preocupes, hombre. Yo he sido la que he metido la pata, como si fuera una novata... y llevo ya más de diez años en el oficio, pero se ve que aún me queda mucho que aprender... ¡Qué porrazo me has dado! 

-Es que con el casco no he sabido que fueras una chica, Elvira. Además, la vigilancia de la viuda que mandó cargarse a Calvin me tiene muy tenso. Sale del hotel y viene a la casa de Michael Cobovsky, un poeta que inventa verbos imposibles, como “desvertigar”, que viene a significar perderle el miedo a la altura... ¡Qué harán todo el día juntos en esta casa modesta! ¿Qué puede tener en común esa arpía con un hombre al que todo el barrio aprecia...? No lo entiendo. Hizo que mataran a Moran en las cercanías de Mahnattan y alguien me ha entregado mucha pasta, pero mucha, para que la siga y envíe correos dando informes. Sólo eso. Lo veo tan simple que me huelo algo turbio, de ahí mi alarma al comprender que me seguías, y el daño que te he hecho. 

-¡Que no te preocupes, hombre! Y además, chica o chico, esta profesión tiene el riesgo que tiene y ya está. 

-¿Y por qué me sigues, si puede saberse? ¿No trabajas para la gente de la viuda? Porque son muy peligrosos, de ahí mi temor. He consultado con un cubano de Miami, quien a su vez ha preguntado a conocidos suyos de Nueva York y la viudita se la trae: ha sido la novia de lo más selecto del hampa... Claro, se viene aquí, a esta ciudad provinciana y chismosa, y no me cuadra nada y menos aún que alguien me vigile a mí, aunque tú asegures que esta gente nada tiene que ver y que lo tuyo es mucho más sencillo. 

-Samuel, no puedo decirte ni quién es mi cliente ni lo que pretende. Ya sabes que aquí no somos como los detectives americanos, sólo tienes que mirarte a ti mismo o ver que yo sólo soy un ama de casa cuarentona, con aspecto de maestra o enfermera, alguien que jamás levantaría sospechas. Pero a mi cliente le debo esa confidencialidad y... 

*** 

-El vira, que ya nos vamos conociendo. Desde que me ayudas a vigilar a la viudita mientras me vigilas a mí nos hemos contado nuestras vidas y nuestros desconsuelos y ya nos conocemos como si fuéramos un viejo matrimonio. Mira, no hay quien me quite de la cabeza que detrás de esto anda mi mujer. Cree que se la pego, simplemente. Todo el día leyendo novela negra y se cree que esto es como en América, donde el detective es alto, joven, musculoso y siempre hay una rubia que lo besa con labios impregnados de bourbon. 

-No puedo decirte nada, Samuel. 

-Si es que mi mujer está tan obsesionada que ya me dice Sam... Sam Spade... ¿Qué se creerá que hago cuando estoy horas y horas en la calle? ¿Cómo me verá? ¿Un donjuán? Pero si estoy calvo, me sobran kilos y tengo una acidez que estoy medio día masticando Almax... 

-Mi marido tampoco cree que este trabajo sea un aburrimiento. Ni acepta que no tenga ganas de rollo cuando llego a casa, reventada de seguir a tipos insustanciales cuya vida no me importa nada. Él también cree que se la pego, el muy imbécil... 

Detective privado, imagen tomada de Wikipedia

*** 

Dos detectives asesinados

La pareja ha sido abatida en la habitación de un hotel de mala reputación 

(AGENCIAS) Los detectives Elvira López y Samuel Espadas han aparecido muertos a consecuencia de una ráfaga de ametralladora en una habitación del hotel Paradise, un hotel tradicionalmente usado por las parejas furtivas para sus encuentros amatorios. El lugar no desentona en absoluto con el crimen, ya que ambos cadáveres yacían desnudos en la cama de la habitación, según ha podido saber la redacción de este periódico. 

Según parece, el hotel está próximo al domicilio del poeta recientemente premiado con el Nobel, Michael Cobovsky. Esta circunstancia permite al Grupo de Homicidios abrir una línea de investigación que conduciría a la viuda de Bonetti, un conocido miembro de un cartel americano que traficaba con coca colombiana en nuestro país. La viuda pasaba todo el día junto al creador, sin que se haya podido establecer la naturaleza de tan estrecha relación, aunque el mundo editorial sospecha que ella ha financiado la lujosa edición de las obras del autor, una extravagancia ya que la edición lujosa de poesía no es muy frecuente. 

Se sabe por las primeras investigaciones que ambos detectives estaban siempre juntos desde hace unos meses. Todo parece indicar que él hacía la vigilancia de la casa del mencionado poeta. Lo que resulta una incógnita para los investigadores es la presencia de la mujer junto a Espadas, por lo que se están desatando toda una serie de rumores en la ciudad... 

Susana García, viuda de Samuel Espadas, arroja el periódico a una papelera. Después arranca el coche y se dirige al pantano. Cuando está atravesándolo, acciona la ventanilla automática de su Ford y tira a las negras aguas la bolsa que contiene la pequeña ametralladora con que se vengó de su marido y de “esa perra en celo”. 

-Os creíais que me la ibais a pegar... –dice mientras se limpia las lágrimas.

2 comentarios:

  1. Párate en la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo.

    Bueno, hay gente que no tiene paciencia para andar esperando!! :)

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  2. No, sí ya lo decía yo: No hay poeta que tenga una limpia biografía. Y más si hay de por medio una viuda negra, esa femme fatale. ¿Ahora qué hago yo? Hablaré con mi primo Lebowsky, The Dude. Y vosotros Susan y Sam, rezaré lo que sepa ante un Sansung.

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