Impotencias


La enfermera sale.

- Mira, Enrique, ¡no me digas que no está buena! Cuando me coloca la sonda le miro las tetas. ¡Qué tetas! Dos globos como dos sandías. Se le adivinan los pezones bajo el uniforme. No se me empina, pero la cabeza me da vueltas.

- ¡Abuelo, por favor!

- ¿Te avergüenzas de tu abuelo? No entiendo a los de vuestra generación. La vida es un asco, una mierda. Cuanto antes lo entiendas mejor. Cuando eres joven tienes cientos de aspiraciones, pero todos intentan joderte, diciéndote lo que debes hacer, o tú mismo te cortas, por timidez o falta de huevos. Después llega la adultez y las obligaciones te quitan tiempo para divertirte y hacer lo que realmente deseas. Los niños, la mujer, el trabajo, Hacienda y su puta madre. En fin, que cuando menos te lo esperas te haces viejo y entonces es demasiado tarde para enmendar lo andado. La vejez, Enrique, es como la adolescencia pero sin polla. Sobra deseo, pero la ejecución falla. El otro día vino la hija de un paciente y me quedé pillado por su culo. ¡Uhmm! Lo seguí todo el pasillo hasta que se metió en la habitación. Un poco más y entro con ella. Yo creía que con la edad todo seguiría en su sitio, pero no, nada de eso, Enrique, todo se escacharra. Eso sí, tu cabeza sigue en activo, maquinando y más calenturienta que nunca. ¿Me entiendes?

- Abuelo, estás hecho un chaval.

- ¡Chaval! ¡Pero tú eres tonto! No te enteras. Estoy jodido. Tú ahora es cuando tienes que disfrutar. Te quedan dos telediarios para empezar a complicarte la vida. Si es que encuentras trabajo. Te crees que las mujeres van a estar siempre ahí, a tu disposición, pero en un plis-plas te conviertes en un viejo. Y por mucho que quieras, nada funciona. Ni siquiera los niños te piden hora. Puta mierda.

- ¿Cómo te encuentras? ¿Qué dicen los médicos?

- A la mierda los médicos. Entrar en un hospital es como un mate en el ajedrez; estás a un paso a que te tumben. No lo ves venir, pero lo sabes. Un movimiento más y te la endiñan. Menos mal que de vez en cuando uno se alivia mirando a un par de hembras potables. Si no es por ellas estaría en un ataúd. El matasanos dice que no me altere en exceso. El muy estúpido. Que se ponga en mi pellejo. La vida, Enrique, es para vivirla. Sentarse a ver cómo te quemas es de gilipollas. Dos operaciones y aún sigo aquí. Si le hubiera hecho caso a los médicos... 

- Pero de vez en cuando hay que parar, ¿no? Se puede disfrutar con cabeza. Hay tiempo para todo.

- No tienes remedio. Eres un estúpido de cuidado. Te pareces a tu madre. Otra tibia de cojones. Cuando tuvo la oportunidad de salir a estudiar fuera, no lo hizo. Se preparó Magisterio y ni lo acabó. Todo para aguantar al gilipollas de tu padre. Por lo menos te tuvo a ti. Y ahora me sales con estas. ¡Espabila, Enrique!

- Abuelo, creo que estás siendo injusto con mi madre. Ella se ha sacrificado por nosotros...

- Ella, tu madre, Isabel, es una imbécil. Y ahora tiene que apencar con su pasado. ¡Ugg, la mierda de la próstata, hija puta!... Cada cual carga con su fardo, hijo. No sigas la senda de esta familia y vive tu vida. Estás a punto de acabar la carrera, ¿no?

- Sí.

- Pues lárgate cuanto antes, despega, joder. Si es por tu madre, estarías en casa hasta que muera. 

- No es tan fácil. Ahora están las cosas peor. No hay trabajo, abuelo. 

- Pues vete al extranjero. Búscate una guiri que esté buena y follad como conejos. 

- Siempre lo mismo, abuelo. El sexo no es lo único.

- ¡Qué equivocado estás! El sexo lo es todo. El día que dejes de sentir, estás muerto. Es tu hora, Enrique, el tren va a salir. ¿Oyes la bocina?

- ¿Qué?

- ¡Pero qué nieto más imbécil tengo! No sé para qué te sirve esa Universidad de mierda que te pagan tus padres. Mejor te hubiera ido aprendiendo un oficio. 

Entra la enfermera.

- Ves, nieto, lo que te decía. Se llama Lucía. Lucía, este es mi nieto Enrique.

- Hola, Enrique.

- Hola -susurra, avergonzado.

- No se lo tengas en cuenta, es tímido desde que el espermatozoide de su padre fue a fecundar a su madre. Pero tiene una... Jeee. 

- ¿Cómo estamos hoy? Anoche no dejó de moverse.

- Pensando en ti, querida. ¿Tienes novio?

- Abre la boca. Bebe. Traga. Muy bien. Ya estás listo.

- No. no estoy listo. Siéntate un poquito aquí, a mi lado. 

- ¡Es usted incorregible! Nos vemos dentro de una hora -se va.

- Te esperaré impaciente, mi amor... Ves, nieto, lo que te dije. Está buena, buena. Tiene unas tetas que le estallan en el escote. Que pena que mi entrepierna sea una ingrata traidora. Yo voy en una dirección y ella en otra. Por eso hablo y hablo. Es lo que me queda. Hablar es como un largo orgasmo. Mientras hablo, imagino y engaño a la muerte. ¿Entiendes? -el nieto le mira escéptico-. ¡Qué vas a entender tú, alma de cántaro! Parece que tienes rodamientos en vez de cojones. ¡Dios!, ¿y esta es la juventud que pagará a tus padres la pensión? Lo llevan claro.

- Bueno, abuelo, me tengo que ir. 

- ¿A qué? ¿A jugar con las maquinitas? Estáis todo el día dale que te pego con esos cacharros. Tenéis a una mujer cerca y ni os dais cuenta. Leche en la sangre, joder, eso es lo que tenéis. Como sigáis así os veo follando a través de una máquina. 

- Adios, abuelo. Un beso. 

- Ni besos ni mierda. Vete... Eso sí, cuando salgas tócale el culo a la enfermera, de mi parte. No caerá esa breva. Impotente.

4 comentarios:

  1. Impotencias del alma: el mundo, el demonio y la carne....Eso sí, llegar a viejo sin ser vegetariano, mas siempre pendiente del nabo...Historias prostáticas de la canción protesta.
    ¿Nos tomamos algo?

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  2. Ese abuelo... Escuché una vez que en el plan divino, el que sea, se prendió el placer al proceso reproductivo para que no se fuesen extinguiendo, por pereza, las especies. Los abuelos son gente lista. Las impotencias son, en realidad, potencias, pero reflexivas. Miguel lo ha clavado, por cierto.

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  3. Potente y triste. Llevas razón, Emilio, en que esto se acaba y lo hace con la sensación de haber andado corto en esta materia.
    Torrente Ballester decía sobre el deseo, ya bastante viejo:
    -Pero... ¿esto es que no se acaba nunca?

    Parece que no, que la mente y la genitalidaad se encuentran poco. A vivir, que esto son cuatro días.

    AG

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  4. Este abuelo ha aprendido bien el carpe diem, algo que el nieto ve lejano. Pero la sabiduría del anciano es una verdad axiomática: la vida son cuatro... días.
    Deseo y realidad nunca cuadran, lamentablemente. Me quedo con el abuelo, tal vez me estoy empez

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