Rescate


A la izquierda, agua.
A la derecha, agua.
Abajo, agua.
Arriba no. Arriba el cielo estaba repleto de nubes negras.
No me pregunten qué estaba haciendo en el medio de ese mar frío porque no lo sé, los sueños casi nunca tienen lógica. Era poco lo que podía hacer, excepto pensar. Pensaba que nadar no servía porque no sabía cuál era la dirección hacia la costa, que sólo a mí me podía pasar eso de naufragar y no saber cómo, que ese cielo presagiaba tormenta y que si se largaba a llover la cosa se iba a poner peor, que si seguía pataleando para mantenerme a flote me iba a cansar más rápido, que si no pataleaba me hundía, que al menos podría estar en el mar del Caribe, que es tibiecito. Estuve pensando durante un rato largo hasta que pensé que pensar no ayudaba y me puse a bracear. Al menos, me moriría en el intento. A los pocos metros vislumbré un bulto y avancé hacia él. No distinguía demasiado, pero allá fui, esperanzada.
Me desperté abrazándote con fuerza, empapada. 
Eras mi tabla de salvación.

8 comentarios:

  1. Precioso. Tra dos o tres años siguiendo tu "Yuyo del suburbio" tendría que haberme acostuimbrado ya a tus finales imprevisibles.

    Saludos y brindis por ti en el Barralibre.

    AG

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  2. Rotundo. Esos giros finales tuyos... Vas envolviendo la madeja y uno va de acá para allá y entonces zácate! Lindo, lindo escribís, Male. Vah, pero eso ya lo sabés ;-)
    Besos desde la Ciudad de la Furia!!! (Cayó una tormenta de la gran...)

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  3. Nota: Quise decir "Bah" Me salió "Vah" porque a esta hora (20.45) ya no sé ni como me llamo. Necesito comidaaaaaaaaaaaaa!!!

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  4. EL RESCATISTA AL QUE PRIMERO HAY QUE RECURRIR ES A UNO MISMO......Un éxito tu manera de escribir y describir las escenas....

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  5. Toda pesadilla es como un naufragio...El despertar es siempre la tabla de salvación a la que se llega empapado y exhausto. Pero a veces al bajar de la tabla se arriba a La Vida, una jodida isla desierta. Y a esperar la segunda salvación en la más dura supervivencia.

    Aunque para tabla de salvación, encontrarte a ti en la barra. Un abrazo más transatlántico que nunca, Malena.

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  6. Reverso terapéutico de mi náufraga irredenta, sin balsa sobre la que reposar sus heridas. Mi heroína y la tuya bailan un tango desesperado. Cabría una ronda completa de mujeres bajo fuego cruzado.

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