Batiendo la justa


Estábamos reunidos en el bar de la esquina, mirando el partido. En el entretiempo, mientras discutíamos y nos amargábamos por el desempeño de River, el Gallego escupió una frase que nos dejó helados.

- Betty me mete los cuernos.

Lo largó así, sin anestesia. 

A Betty la conocíamos todos desde que eramos chicos, porque Quique, el hermano, jugaba con nosotros en el club. La piba era una gordita simpática que se hacía querer, una mocosita metida que teníamos que llevar a todos lados porque la vieja laburaba y no quería quedarse sola. Cuando se hizo señorita no nos dio más bola y con los años se casó con el Gallego. Al casamiento fuimos todos, invitados por Quique, y ahí nomas lo sumamos al novio a la barra. Quince años hace de eso. Y ahora nos viene con el cuento de los cuernos.

- ¿Estás seguro, Gallego? ¿Vos la viste? 

El que preguntó fue Robertito, pero todos estábamos pensando lo mismo. 

- Verla no, pero no soy boludo. Está distinta, sale con las amigas, se compró maquillaje nuevo, perfume, ropa interior.

- ¡Pero vos no podés dejarla por suposiciones, querido! Capaz que la mina quiere avivar la llama de la pasión en el matrimonio.

- Ma' que llama ni llama si hace como dos meses que no me toca.

Nos quedamos todos calladitos. Viste que dicen que el que calla, otorga. 

- ¿Y qué vas a hacer? Digo, no podés acusarla sin pruebas. 

Otra vez fue Robertito el que habló, y creo que a esta altura debe seguir deseando haberse mordido la lengua.

- Les quería pedir un favorcito, muchachos. Necesito que alguien la espíe, que le saque fotos, que la enganche in fraganti o que la grabe. No sé ... algo.

- ¡Pero como nos vas a pedir eso a nosotros, que la conocemos de toda la vida! Además, si Quique se entera nos mata.

- Precisamente porque la conocen, porque conocen a Quique, porque saben que es mejor que ésto quede entre nosotros. Si no, le tengo que pedir a otro que la siga. Imaginate que después anden por ahí, divulgando con quién se acuesta mi mujer.

Nos tocó el orgullo. Al fin y al cabo, se trataba de mantener la dignidad de un amigo y que no anden por ahí colgándole el cartel de cornudo. 

- Yo la sigo por una semana, pero si no la encuentro en nada raro, la cortás acá -dijo Robertito, apostando mentalmente a la fidelidad de la dama en cuestión.

El domingo siguiente nos encontramos en la misma mesa del bar, ansiosos por escuchar el informe. El Gallego, adelantándose a los hechos, pidió una caña Legui. Para darse fuerzas, dijo. Cuando llegó Robertito le clavamos los ojos sin hablar.

- Sos un boludo, che. La seguí por cielo y tierra, anduve preguntando por ahí, hablé con las amigas. Hasta con la vieja, que se acordaba de mí cuando eramos chicos. Tu mujer sería incapaz de engañarte, marmota. Debe estar con la crisis de los 40.

Le palmeamos la espalda al marido, felicitándolo y ligamos gratis una ronda de Legui. Medio borrachos, recordamos los tiempos del noviazgo y lo buena piba que siempre había sido Betty. Lo mandamos a la casa bastante entonado y con ánimo de reconciliación.

Cuando nos quedamos a solas con Robertito se acabó el jolgorio. Nadie dijo nada porque era al pedo. Le conocíamos la cara desde que eramos unos borregos.

Al rato atinó a decir:

- Espía sí, buchón ... ¡jamás!

21 comentarios:

  1. Batir la justa: decir la verdad, en lunfardo.

    ResponderEliminar
  2. Buchón: (lunf.) Acusador, delator// confidente o informante de la Policía.

    ResponderEliminar
  3. Batí la justa Malena........en que andaba Robertito???
    Un beso amiga.....y espero verte.

    ResponderEliminar
  4. Uno debe encargarse de sus propios espionajes, eso queda muy claro después de leer este relato. Yo tengo un método fantástico: No los hago.

    Muy bueno.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  5. Por un momento pensé que Robertito era el que se la comía, parecía demasiado interesado en demostrar la inocencia. Mataron tus definiciones, Male, supongo te visita gente de otros países, o sea, no saber que es "batir la justa" o "buchón" en este país, imposible!
    Un beso :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. yo también me jugaba a que era Robertito...
      de todos modos, si no iba a buchonear... ¿para qué se ofreció a hacer de detective...?
      besos
      él (de nosotros dos)

      Eliminar
    2. Porque, como dice el cuento, apostaba mentalmente a la fidelidad de Betty.

      Eliminar
    3. Caia: del grupo salvaje que escribe en Barra soy la única argentina!!!

      Eliminar
  6. Malena, más allá del aspecto narrativo, es que consigues crear la atmósfera del grupo (pandilla, le decimos aquí), desde los años de la niñez a esa deliciosa complicidad.
    Yo también creí que quien se beneficiaba a la dama era el propio Robertito y que el desafío era autoespiarse (debe de sr dificilísimo).
    Magnífica entrada. Celebro que la Barra haya resurgido de sus propias cenizas con esta calidad.

    Un abrazo desde Granada.

    AG

    PS: yo sí te agradezco las aclaraciones léxicas. Aunque me gusta el tango, no estoy versado en lunfardo.

    ResponderEliminar
  7. Solía pasar - sobre todo en la época en que los peines todavía eran de carey - que se producía una cierta "osmosidad" por decirlo de alguna manera entre el peine y el cuero cabelludo de ciertas personas. Algunas veces solía atribuirse a un crecimiento cebáceo. Pero cuando llegaban a cornamentas de 7 puntas, inclusive Greenpeace se hacía el boludo. Es decir, los códigos se pueden mantener hasta que la cosa es demasiado evidente.
    Es poco el consuelo, pero tal vez creer que lo engañaban lo hacía olvidar el desempeño de Ríver. Beso y como siempre, agradecido por su venerable veta escritora con esa dósis histriónica tan singular. La semana ha sido buena, hasta Dany y Yoni publicaron. Abrazo a todos!

    ResponderEliminar
  8. ¡Qué bueno, Malena! Algo en mí me decía que Robertito era el tercero en discordia, y con esa idea me voy...

    Antes, te dejo mis aplausos.

    Un abrazo,

    ResponderEliminar
  9. Donde esté una buena amistad que se quite el amor.

    Por cierto, en Argentina ser buchón viene a ser el pecado más detestable, ¿no? La dictadura cambió los mandamientos profanos del ciudadano.

    Aquí en España la delación es un asunto menor; nos acostumbramos, quizá. Es más, los políticos se delatan en función de intereses creados. Nos enteramos de tal o cual robo público porque unos y otros purgan penas a mayor gloria de las urnas.

    ResponderEliminar
  10. Ser buchón es imperdonable, sobre todo entre el pueblo. Los políticos, en cambio, se buchonean sin piedad y cambian de bando cual pluma al viento.

    ResponderEliminar
  11. Me juego la cabeza del amor de Robertito por esa niña......Concretado o no ????esa es la cuestión

    ResponderEliminar
  12. Excelente, Male!!! Imperdible la onda que lograste generar ene se grupejo de amigos! La anécdota de los cuernos es el disparador ideal para que se luzca ese entrevero verbal entre los amigos!!! Muy pero muy bueno, amigaza!!!! Besos y aplausos!!!

    ResponderEliminar
  13. Che, yo también creí que Robertito era el pata e'lana, (también con ese nombre), tanta disponibilidad para con el amigo, me sonaba a querer ocultar algo. Yo pensé, al final Robertito le dice que es una santa y sigue dándole rosca. pero era un amigazo, (obvio con ese nombre)
    Aunque, releyendo el final, no sé, me entran dudas, no pondría las manos en el fuego por Robertito (con ese nombre)

    ResponderEliminar
  14. Soberbio. Y todo reposa sobre un adjetivo. Todo elmrelato, tan limpio, tan fluido, se construye sobre una palabra.

    ResponderEliminar
  15. Magnífico en las palabras y en el denso silencio previo al final. Espía sí. Pero, ¿antes traidor que buchón?...En el caso de Robertito (del que casi todos recelamos), es ese silencio etílico tatuado en su cara el que lo delata. Su confesión.

    Vivo, fresco, actual. ¡Bravo, Malena! Besos transatlánticos.

    ResponderEliminar
  16. Un gran amigo, Robertito. Acaso alguno cree que el gallego quería escuchar otra cosa? Ser cornudo es un espanto, sospecharlo una tortura, pero confirmarlo es peor.
    Yo también la felicito, Malena.

    ResponderEliminar
  17. Tenés que seguir con las anedas, Malena. Te lo he dicho mil veces, sos una joya literaria.

    ResponderEliminar
  18. ¡¡¡Qué maravilla!!! Mi aplauso y abrazo. Me alegra que A.Torrante me haya avisado de tu blog. Excelente.

    ResponderEliminar