Espionángel


Tengo razones para creer que mi ángel de la guarda se está extralimitando en su misión. He notado, a través del vaho del espejo (donde se me revela), un exceso de celo anormal  que se manifiesta en mi rostro con fruncidos de ceño inducidos, rictus y muecas ajenos a mi estado de ánimo  al despertar, que me dejan cada día nuevas arrugas y manchas indelebles, como marcas jeroglíficas de su actividad implacable.

Estoy seguro de que ya no solo no me cuida, sino que ahora me vigila con su omnipresencia etérea, pero perceptible también fuera del espejo con variaciones de presión y de temperatura en el volumen de su ectoplasma. Hace unos meses he de reconocer que me salvó la vida, tendiéndome su mano en el Mar de la China Meridional, pero es evidente que algo quiere cobrarse a cambio. Digámoslo claro: Me espía para chantajearme. Es más, creo que actúa como un agente doble y labora poniéndole velas informativas sobre mi vida tanto a Dios como al diablo.

Su ojo de cíclope omnividente no se limita al seguimiento habitual de mis actos conscientes, sino que penetra en el ámbito profundo de mi conciencia, aprovechando los resquicios del sueño para remover mi subconsciente y agitar así mis fantasmas interiores, mezclando los sedimentos del bien y del mal e impedir de ese modo su discernimiento. Ello se traduce en frecuentes pesadillas crípticas que acentúan mi angustia y exacerban mi ansia de interpretarlas y buscar las claves que las desentrañen, más allá de la mera interpretación psicoanalítica.

Su acción opresiva ha logrado bloquear tanto el flujo de mi libido  como su energía creativa. Paralizado e inerme, pues, ya ni amo ni escribo. Sospecho así mismo que, en contra de la teoría generalizada de su asexualidad, hace el amor con la ángela de mi mujer mientras dormimos, a la que ha seducido para obtener la información tántrica dual más delicada y controlar también la  mensajería genética de los vertidos seminales primigenios. Esas sospechas están avaladas porque más de una vez hemos encontrado restos de plumones ingrávidos e incoloros y de polvo cósmico entre las sábanas.

Tal vez ya sea demasiado tarde, pero advierto a mis amistades virtuales y a los espías profesionales que mi angelespía ha manipulado mi perfil de Facebook y lo utiliza para filtrar informaciones clasificadas en mi nombre, aireando intimidades de otros como si fueran mías; plagiando a otros autores para desprestigiarme y plagando de erratas vergonzantes y soeces exabruptos todo cuanto publico. Sé a ciencia cierta que de la venta de mi alma al NSI (Nadie Sin Informe) obtendrá pingües beneficios espirituales que, por intangibles, son los más valiosos.


Ya solo me queda esperar que nadie crea nada de lo que ha revelado y que pueda así algún día recuperar mi identidad. Ni siquiera hoy soy yo el que escribe. Es su estrategia: Generar el estado de la confusión global.

3 comentarios:

  1. El ángel de la guarda, ese alter ego. Jano sobre la piel de un poeta en busca de autor. Truco mental: crear un espía que te roba el alma, y servirse de él -de su verbo travestido- para recuperarla.

    Miguel, te siento en vías de recuperación.

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  2. Miguel, cunetas cosas tan personales que ya no hace falta ni espiarte ni suponerlas. Tu ángel, un poco cabrón, es delicioso.
    Eso sí: guárdate de los idus de tu mujer, que la acusas de unas cosas tan angelicales que parece que no es de este mundo.

    Me ha gustado tu rentrèe.

    AG

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  3. No sé si felicitarte a vos o a tu ángel por esta entrada estupenda.

    Se los extrañaba a ambos por la Barra.

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