Donde Luis de Zúñiga deja escrita la voluntad de que no caiga en olvido su gesta y su nombre no se despeñe en la memoria de los hombres


Día de año nuevo, de hacerse promesas, de hallar en mi corazón pensamientos nobles y propósitos de honrar a Nuestro Señor y a nuestro Rey, que lo representa en la Tierra, pero solo soy capaz de hallar angustia y desazón, como si Fortuna me hubiera virado el rumbo y mirara hacia otro lado, siempre en el punto opuesto a aquel donde su mirada pudiera encontrarme… Ya lo decía el capellán de la nave que me trajo a estas tierras: que inútil es buscar a la Fortuna si tan aviesa dama no desea que la encuentres. Y tal paresce que es la verdad, si miramos lo azaroso de su encuentro desde que nascemos de madre. 

Anoche mismo escribí un memorial en el que daba cuenta de mis angustias, de lo que mi vida ha sido y de los equívocos derroteros que ha seguido… Tal vez, al sentir junto a mí la certeza de la muerte, me dejé arrastrar por esa visión de mi vida, que también ha dispuesto de momentos asaz gratos por la gracia de Dios. Pero acostéme oyendo los cánticos de los indios y toda la noche ha sido un hervor de sucesos extraños y a fe que sin explicación. He viajado mucho como para pensar que sea cosa del Maligno, pero no encuentro explicación al contenido de mi pesadilla, quizá inspirada por las artes de mil súcubos. 

En ella, alguien comunicaba lo que escribí anoche a otras personas cuyos rostros no conseguí ver, pero que vestían de una manera extraña. Todas ellas miraban un vidrio en que aparecían las ideas que surcaban sus mentes, como si eso fuera posible… En mi visión comprendí que eran criaturas de otro tiempo y en un momento de mi sueño vi que los cristales que miraban tenían una extraña fecha en una esquina: día de veintidós de octubre del año del Señor de dos mil y trece. Aún ahora recuerdo con total claridad los nombres que aparecían en mi pesadilla: Carmen López Ortega, Juan Almagro Villar, Mariela Rapetti, mujer ésta de las tierras nuevas, Ramón Besonías, Emilio de Mora, Miguel Cobo y un tal Alberto Granados, nombres que no sé cómo han llegado a mi mente, ni si son de naturaleza humana o pueden ser criaturas demoníacas… Item más, un nombre que no consigo recordar se coló en mi sueño y aparescía constantemente… No soy capaz de decir si se trata de árbol, persona, pez, animal de monte o simple invención de algún demonio que desea cebarse en mi perdición…

Bautizo del Rey de Tezcuco, sobrino de Moctezuma, con el nombre de Fernando. 
1519-1521. Autor anónimo.

Todos ellos se pasaban ideas sobre mí, las comentaban jocosamente, como si las miserias que he pasado sólo sirvieran para provocar en ellos la risa, que en ello creí ver que era cosa maléfica, pues qué cristiano osaría ser tan poco misericordioso con mis infortunios y malos pasos. 

Mi angustia crecía al ver en mi sueños que alguien de ese futuro había escrito dos novelas sobre mi señor, don Francisco y sobre mí. Lo más sorprendente, un profesor ponía mi memorial de anoche en un extraño idioma vagamente parecido al nuestro, lo que me preocupó, pues mi escrito contiene alguna idea que no quiero que nadie de este tiempo conozca: es tan fácil que algún dominico encuentre ideas heréticas en cualquier cosa… Las noticias que vienen de España son para poner cuidado en lo que se escribe y guardarlo celosamente, por eso no consigo saber cómo los de mi sueño se pasaban mi historia y hasta la volvían a escribir como si yo no fuera yo y no tuviera mi propio acontecer, más malo que bueno, por la voluntad de Dios y por mis errores… 

El mal sueño, la agonía de esta noche me hace presagiar que el año que hoy comienza no lo termine, que la muerte o alguna otra desventura se va a cebar en mí. Pienso en esa palabra que anoche apareció tantas veces y que no recuerdo. Tal vez signifique algo o me ayude a encontrar la clave de este misterio, como esas piedras a las que se atribuyen cualidades benéficas…. Pero no la encuentro en mi mente… Tal vez… mortiza… corteza… mortaja, no, pero era algo así… ¡Cortázar! Esa era, sea lo que sea lo que quiera decir, que no la he oído jamás. Cortázar, tal vez sea la clave para esta presencia mía en un mundo para el que faltan más de quinientos años. Cortázar… ¿qué querrá decir?

7 comentarios:

  1. El sortilegio, la evocación, la invocación, la sonrisa, el misterio, lo onírico, la crónica, el espejo, el sueño, la premonición, la máquina del tiempo, la miga y la corteza de Cortázar que traza una rayuela transatlántica.

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  2. Hemos invitado al futuro. Qué bien traído, Alberto. Qué ganas de que avance.

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  3. Malena/Mariela22 octubre, 2013

    Sos malo, malísimo. ¿Qué hago yo ahora con Cortázar y Don Luis? Te perdono por la sonrisa que me ha arrancado el texto.
    Pasado, presente, futuro .... mezclemos y veamos que sale.

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  4. Gracias, santos bebedores. Si vaos de metaliteratura, juguemos fuerte. Ahí tenéis a don Luis y a Cortázar para rematar la faena.
    Mariela, sorpréndenos.

    Abrazos mil, aunque sea a través de estos vidrios coloreados, que nos permiten intercambiar las dieas de don Luis y las nuesras. Como si eso fura posible.

    AG

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  5. Tour de force. Soñar el futuro quizá por impotencia de imaginar el pasado. Zúñiga sabrá. Lo cierto es que nuestro relato evoluciona entre el diario metafísico y un viaje posmoderno. Argentina decide la coda... o no, quizá vuesas mercedes decidan que merece una segunda vuelta. A saber. Lo cierto es que el protagonista muere. ¡Quién no! Pero cadáver enamorado.

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  6. Pues no diría yo que no: apurar las posibilidades del realto con una segunda vuelta, a la que , con suerete, se uniera Miguel. O darle la posibilidad a algún lector. Objetivo: no apuralo ya.
    Pero habría que decidir antes de que Mariela remate.

    AG

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  7. Malena/Mariela26 octubre, 2013

    Mañana se verá ....

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