Epifanía



Este alumno merece aprobar. Se ha esforzado durante todo el curso. Pues a mí no me ha hecho nada. Aquí tenéis, exámenes en blanco. Que decida la junta de evaluación. Sí, porque aquí nos dan las diez... Quizá fuera la palabra diez, un cambio de luz, vete a saber, pero al fin salí de mi letargo. Por mí bien, dije. Nadie notó mi ausencia, tampoco mi regreso. Lo sé, estoy acostumbrado a pasar desapercibido, un efecto que en parte satisface mi necesidad de aislamiento y, por qué no decirlo, mi prodigiosa capacidad para pasar de un universo a otro sin ser descubierto. Tiene sus ventajas, no crean. Evitas responsabilidades, sin resultar asocial. Puedes sonreír y estar realmente pensando que estás delante de un gilipollas. Pruébenlo, tonifica, se lo aseguro. 

Bajo el trance me vino a la mente una escena sucedida días atrás, un hecho cotidiano, aparentemente trivial, que acabó transmutado por ciencia infusa en una epifanía. Elena, mi mujer, se acercó en el club hípico a una antigua amiga, junto a quien supuse su marido. Hola, qué tal, cuánto tiempo, estás como siempre, chica cómo lo haces. Pues ya ves, mi marido y yo vamos siempre que podemos al gimnasio. Insanity, zumba, pilates, spinning, step, me lo hago todo. Además, he descubierto el yoga. Ay, no te he presentado, se llama Carlos. Carlos, y... Elena. Eso, Elena. ¡Tanto tiempo sin verte! ¿Te acuerdas en la facultad? Eso si que era vida... Como te iba diciendo, mi Carlos y yo, día sí, día no, nos hacemos un par de horitas de culto al cuerpo. Porque yo lo valgo. Je, je, jeee... Y chica, qué quieres que te diga, sienta divino. Ya veo, estás genial. Sí, bueno, a Carlos le ha dado por el pádel. A mí me aburre lo que no está escrito... Pero él es así. Ya sabes, la crisis de los cuarenta. Mientras no se vaya con otra y siga respondiendo en la cama, que se fustige en la pista... Ay, chica, pues tú tampoco estás nada mal. ¡Lo que te envidiaba en la facultad! ¿Recuerdas? Era tan pava, y tú tan elegante. Siempre pensamos que eras de gente rica, ¿sabes? Jeee... Ay, ¡qué bueno verte!...

Yo ya había desconectado hacía tiempo de la obscena letanía de aquella garza parlante. Pensaba en lo insulso que resulta el presente cuando uno se observa el paso del tiempo sobre nuestras carnes. Debo cuidarme, me dije. Sí, esta pareja son una muestra de todo aquello por lo que la especie humana merecería ser extinguida, detesto el pavoneo de esa arquitectura esculpida con horas de gimnasio. Los odiaba, pero no podía dejar de reconocer que ya era hora de empezar a hacer ejercicio. ¡Décadas de dedicación exclusiva a la empresa, la familia...! Cuanto más lo pensaba más los odiaba. Pesas, sí, quizá podría empezar con pesas, algo de footing, bici. Pádel no, definitivamente. No conviene machacarse mucho el primer día. Un par de horas a la semana; eso, dos horas y ya veremos...

Entonces queda todo dicho. Pedro Trujillo, aprobado, ¿no? Asentí mientras pensaba a qué tienda iría mañana a comprar el kit deportivo. 

6 comentarios:

  1. Universos diversos. Bipolaridad inversa. La vida y sus reversos. Un perverso pretende ser converso.
    Lo tuyo, Ramón, es la diversificación. Curricular.
    ¡Qué odisea la del pobre Pedro Trujillo!

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  2. Has hecho que recuerde las juntas de evaluación, donde podía pasar cualquier cosa.
    Toda una cualidad esa de vivir en mundos paralelos y diversos. Se necesita maestría para salirte del más plano y llegar al más prometedor.

    Buen post.

    AG

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  3. Que fastidioso debe ser darle la razón a quien se odia. ¿y que tal si el cambio de universos es más que una metafora?

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  4. Después dicen que la donna è mobile (muta d'accento e di pensier)!!!!

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  5. Es difícil, pero hay que saber colocar todo es su respectiva perspectiva. O hacer lo suficientemente poco para que los demás lo hagan por uno.

    Saludos!

    J.

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  6. Somos una pena de hombres los hombres, qué poco espíritu, qué alicaidismo, qué heroicidad a veces, qué encanto desencantado, qué manera de vivir la vida, qué pádel son las horas.

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