Mal versus Bien


No se puede hablar de la categoría ética del Mal si no es en referencia o contraposición al Bien. Desde Platón, los etólogos se han encargado de hacer una división dual de los conceptos: Bien/Mal, bueno/malo, virtud/vicio, moral/inmoral..., que nos remite siempre a ambas categorías y nos hace pensar que es Bien todo lo que no es Mal y viceversa, con lo cual se deja de lado otros conceptos tales como inocuo, indiferente o neutro.
Bien y Mal no tienen otra finalidad que la de sancionar y mandar a los fieles a dos compartimentos estancos: un infierno lleno de penalidades sádicas o un paraíso beatífico y aburridamente placentero, además para siempre.
¿Cómo olvidar a Charlton Heston, momentáneamente apartado de sus tareas en el Club del Rifle, bajando transfigurado del Sinaí con los mandatos de Jehová esculpidos en aquellas famosas tablas de la ley? El bien y el mal, bien definidos y en un soporte casi imperecedero: ¡toda una metáfora!

El Greco, "Pentecostés (1597)

La iconografía clásica occidental nos ofrece un modelo de bienaventurados con los ojos elevados al cielo (con peligro de una inminente tortícolis) y unas facciones de auténticos alucinados. Si se trata de una mujer o de un niño, las manos estarán juntas en actitud orante. El cielo, de acuerdo con esta iconografía debe ser un aséptico lugar en tonos pastel con música canalizada (sonatas de Scarlatti y fugas de Bach, para ¡toda la eternidad!, me temo), como de enmoquetada sala de espera de un dentista. Y allí, el programa de actividades es de un buen rollito que me da grima: soportar las homilías y pastorales de Rouco, el buenismo de Julio Anguita, las gracietas bienintencionadas de Carmen Sevilla… ¡A eso conduce el Bien! ¡Tanto esforzarse en ejercitar la virtud… para eso!
  
Peter Huys, "El infierno" (Museo del Prado) 

Por el contrario, los réprobos miran a la realidad del suelo, suelen ir ligeros de ropa, acompañados de réprobas igualmente desnudas, y son sistemáticamente azuzados por unos demonios que más parecen cabezudos de feria o muñecos virtuales de un videojuego. Me figuro el ambiente del infierno: rock duro, casi heavy, y decibelios a tutiplén, comentarios ácidos y provocativos, ciertas maneras soeces y achuladas, muchos políticos, financieros, tertulianos que ejercieron el aburrimiento en esta vida, personajes mediáticos… (¿os figuráis la eternidad eterna aguantando a Jiménez Losantos, a Belén Esteban o a Mourinho?).


No termino de decidir para dónde encaminar mi eternidad. Lo confieso: soy un indeciso. Tal vez me interesaría quedarme en una ausencia irracional, neutra e insensible que me ahorrara los inconvenientes mencionados de ambos lugares, pero el Purgatorio (ése era el mío) me lo ha quitado el Papa, que en estos tiempos de desolación ya son ganas de fastidiar.
En definitiva, que a mis muchos años, no sé si elegir el camino del Bien, para ir después al cielo, o elegir el Mal, y tirar de cabeza para el infierno (no aguanto bien el calor, que soy hipotenso). Tendré que enterarme de a qué velocidad va la conexión a internet en los dos sitios y de si hay bares.

5 comentarios:

  1. Esto del bien o el mal (en el caso de que existieran) no parece muy fácil de delimitar y mucho menos de decidir. En la ensalada de la vida, los ingredientes vienen revueltos, y casi nunca sabemos distinguir uno del otro, salvo excepciones flagrantes. El malo no lo es del todo, y del bueno me libre dios.

    Ojalá, Alberto, fuese tan fácil, como en una western. Y aún así, hasta en el universo fílmico los malos relucen más que los buenos, pese a su desenlace.

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  2. Puestos a escoger, supongo que elijo un más allá que se parezca más al más acá, por lo que me inclino al descenso. Al menos podemos echarnos una puteadita de vez en vez.

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  3. Parece ser que lo peor de uno y otro lado son las compañías: tener que compartir gloria o infierno con indeseables sería un auténtico castigo en ambos casos, ¡y para toda la eternidad! Yo me pido el polvo...desintegrarme, sí, ser puro polvo cósmico. Estaría bien...No estaría nada mal.

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  4. Perdemos el término medio. En lo que está mal hay un rayomde bondad, y viceversa. En el cielo, en esa metáfora mercantilista, hay un infierno dntro y viceversa. La eternidad es un tortura. Yo me pido el polvo sideral del sr. cobo. Vagar por ahí, limpio o sucio, pero sensible. Con Dios o el Diablo, pero feliz en la travesía.

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  5. Santos bebedores, el mal y el bien, la mayor parte de las veces se definen de manera sesgada e interesada, soslayando una realidad: que todos somos buenos o malos según las circunstancias. Vuelvo a decir.lo: somos ese "ángel fieramente humanao" del que hablaba Blas de Otero.

    Paso testigo y ronda. Salud.

    AG

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