Habemus Pandemónium


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“El diablo trabaja sin descanso para ensuciar la obra de Dios”. Son las admonitorias palabras de Benedicto XVI dirigidas a los cardenales durante los últimos ejercicios espirituales que ha presidido como Papa. Y es que, tras su sorpresiva renuncia, se ha puesto en evidencia que el Vaticano hierve con v de Vesubio: un auténtico volcán, a punto de entrar en erupción. La curia se despereza de su incuria; ha despertado de un sueño kafkiano y se agita, patas arriba, con un torbellino de curianas negras como sus propias sotanas: curia, incuria, curianas… Un diabólico juego léxico, que huele a vaticinio vaticánico. Los cardenales se han puesto aún más morados y su tumefacción amenaza gangrena, y habrá que cortar por lo sano si los vatileaks abren la caja de Pandora que se esconde en algún rincón de la Capilla Sixtina. 

Las palabras del Papa, hiperactivo estos últimos días, transmiten mensajes crípticos sobre mandamientos incumplidos y pecados cometidos en las mismísimas dependencias sagradas. El Mundo, el Demonio y la Carne, con su insoportable hedor a corrupción, pululan por estancias y galerías palaciegas, travestidos de cuervos hitchcockianos dispuestos a desplumar cualquier paloma, aunque se tratase del propio Espíritu Santo. Una auténtica orgía de intrigas, mientras las lavadoras del Banco Vaticano centrifugan dinero negro, barcinado en las antesalas del orco. 

Si el Vesubio entrara en erupción cuando se reúna el Cónclave, la fumata será una sulfurosa columna de humo negro, emanada de las entrañas del Infierno y desde el balcón el propio Satanás cumplirá el ritual: “Habemus Pandemónium”.

6 comentarios:

  1. Quiero pensar -malpensar más bien- que el cónclave es en realidad una reunión de amigos, un éxtasis condicionado por estupefacientes numinosos. Que eso de la fumata es lo que es y no lo otro.

    Está claro que el clero (me salió del alma mortal la cacofonía cardenalicia) decidiría mejor, discerniría con mayor sabiduría inducido por una musa psicotrópica. Va a ser que el espíritu santo no es paloma sino caballo.

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  2. Esta es una entrega fuerte, Malena.

    Me gusta el comentario anterios respecto a "estupefacientes numinosos". Es la única explicación de la elección de Ratzinger hace pocos años.

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  3. Me va cansando y todavía no ha empezado. Son unos ociosos todos. Unos sibaritas. Unos bon vivants de esos que pueblan la buena novela decimonóninca. Hoy me parecen todos una troupe de exquisitos sibaritas.

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  4. Las orgías seguirán siendo secretas, las alfombras y los ricos tapices continuarán escondiendo las lombrices de la podredumbre, los insectos del pecado. El espectáculo debe continuar, pero cada vez con menos espectadores. En el futuro, sobrevivirán únicamente los verdaderos artistas.

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  5. Todas estas palabras argumentando que el diablo metió la cola, la crisis de la institución, la retirada del Papa y, como broche de oro, el rayo cayendo sobre el vaticano me hacen pensar que Dios debe estar un poco harto de tanto circo.

    Qué lástima que los superhéores no existan, porque de tanto vaticinios vaticánicos sólo podríamos escaparnos en el batimóvil o escondiéndonos en la baticueva.

    Recórcholis, Robin.

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