España, ah España, Japón, ah Japón


De España me quedo con Iniesta. Salvo en esos días de atropello circense, de júbilo balompédico, no me tengo por un español de raza, uno de esos que se sienten involucrados en la construcción de la patria. Y eso que a mi modo, con mi trabajo de maestro de escuela y mi contribución fiscal inexcusable, construyo lo mío, no crean. Tengo una visión doméstica de la nación, qué le vamos a hacer. La aprecio en el arte, en todo ese catastro sublime de manifestaciones estéticas (espirituales, intelectuales, emocionales) que los españoles han ido realizando desde que dejaron de invadirnos los otros o desde que nosotros dejamos de invadir al resto o incluso desde que la palabra invadir, ahí puesta como una bandera de algo, no tenía significado alguno. Hablo de los tiempos en los que había una libre circulación de personas, de ganado y de enseres. El punto de inflexión en ese trasiego sencillo y limpio de pueblos vino cuando en el apero de viaje se colaron ideas que vender a los demás. Como si las ideas ajenas no bastasen e hiciese falta el extra ético de las nuestras. No creo que en todas las invasiones haya un acicate económico. Al tiempo que el vil metal y la ruda tierra está la ideología. Hay pocas cosas más peligrosas que tener una ideología y creer en ella con la firmeza de un guerrero. La fe, a su modo, es una ideología en lo místico y no entro en este pequeño apunte de barra en los males que la fe ha traído urbi et orbi. Duele, en el márketing de la marca España, que unos y otros traten al país de un modo tan burdo y zafio. Al ciudadano se le está educando para que la ame o para que la deteste. El bendito punto intermedio no entra en plan alguno. Prefiero la España de Iniesta, una España de dos minutos gritando gol, a la España de la diputada de la bancada popular, ese trending topic llamado Andrea Fabra. Que os jodan es una expresión castiza, de vigoroso acuño patriótico, de las que rebotan dentro de la cabeza y la aturden a poco que te la tomes un poco en serio. En el fondo, la tal Fabra habló por boca de muchos. Hay ganas de joder, expresado esto sin mesura semántica. De ver al prójimo bien jodido también. Por eso los que no son funcionarios aplauden los palos que éstos reciben. Lo celebran sin pudor, enseñando dientes, como la Pantoja. Peor estoy yo, confiesan alborozados. He escuchado muchas puyas contra el maestro, por ser maestro, por percibir una soldada mensual, por disfrutar de unas vacaciones considerables, que nada de esto me causa estupor. También, en ocasiones, en menor medida, halagos, constataciones de que una parte de la sociedad la considere la profesión noble y hermosa que es, sobre la que se deposite (ay, no se olvide esto) el futuro cerniente. Leí hoy que en Japón el Emperador manumite al educador de la obligación de darle reverencia. Es una autoridad, un modelo, una especie de referencia social que hay que mimar y valorar a cada instante. En Japón, por supuesto. Creo que sería un buen japonés. Uno gordo y alto. El caso es no estar uno a gusto con lo que tiene. Luego está el sushi, sentarse en el suelo y estar todos tan apelotonados.

7 comentarios:

  1. Alberto, va por usted. Por esa nostalgia de barra que ayer me sopló y me alcanzó como saeta. Ah las saetas. Cantara yo saetas...

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  2. No sé por qué (o más bien sí) al escuchar a esta señorita de la España eterna, me vino a la mente aquella otra expresión recia, de la cepa hispana "¡se sienten coño!". Por lo demás, maestro de escuela como tú, participo de tu melancolía, si bien atemperada por el estatus de jubilado que le arma a uno contra el aburrimiento malsano de los despotricadores. Como decía cierto tipo gracioso el otro día, "aquí cada uno va a lo suyo, menos yo que voy a lo mío".

    Y la barra qué, ¿abierta hasta el amanecer? ¡Qué lujo!

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  3. De España, me quedo con ustedes.

    No hay nada que hacer; son la Madre Patria. ¡Tan parecidos a pesar de las distancias! Nuestra mandataria le dio duro y parejo a los docentes de la argentina y no faltaron adulones que salieron a aplaudir. Una vergüenza, un disparate. Mi madre fue maestra rural y el amor y la vocación con la que iba a diario en su autito destartalado hasta esos campos a morirse de frío en el invierno para darle la leche a los chicos, además de enseñarles, no se paga con nada.


    Pero brindemos por España, que hoy hay canilla libre en la Barra.

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  4. En mi último poemario -Visperas de casi nada- escribía que las ideologías son "las cárceles mitogénicas donde descansan los infecundos". Abraza una ideología y échate a dormir.

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  5. A Andres Fabra no sé como no se le cae la cara de verguenza a ella y a quien la mantiene en el puesto.
    Qué rabia dá que viva a costa de todos y encima se ria de los parados.
    Saludos

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  6. La libre expresión retrata a la gente. Aún así, yo me quedo con las personas que saben mirar realidades cotidianas, desmenuzarlas y dejarlas aquí...Yo pienso, porque sus razonamientos me hacen pensar.

    P.D. Acabo de descubrir esta barra...no me voy a acodar en ella, pero de vez en cuando echaré un vistazo

    Saludos.

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