Aquellos días de Corpus


Por aquellos días, el tiempo pasaba de una forma veloz y alocada. Escuela, juegos en la calle y en la plaza. Correrías por el parque y visitas al puestecillo de chucherías.
La religión, omnipresente y omnipotente. Nos sacaban del colegio cuando venía el Gobernador, o el Obispo, o las misiones, o los seminaristas. También, no sé qué día, en que todo el pueblo iba vestido de falangista y nos subían a la cruz de los caídos.
 El maestro controlaba que fuéramos a la misa de 10, donde cada clase tenía asignado un espacio. Quien no fuera, tenía bronca el lunes. En casa nos preguntaba mi madre:
-¿Has ido a misa?
-Sí.
Y para comprobar:
-¿Cómo iba vestido el cura?
Mi hermano contestaba a lo taurino, esperando que la carcajada minimizara los efectos de la bronca:
-De grana y oro.
No había sensación de tiempo: los días, las estaciones y los años se sucedían sin que nos diéramos cuenta.
Nos preparaban en la escuela para la comunión. Catequesis durante meses. Y una especie de ensayo general con tutti en que el maestro nos daba obleas como si fuera la comunión de verdad. Uno de los colegas se atragantó, los demás nos reímos y el maestro, con aquel bofetón doblemente eucarístico se adelantó al cura.


El corpus era un desfile de escolares ya con la comunión hecha, todos vestidos con el trajecillo. A mí me pusieron el de mis hermanos mayores, de un marinero ya desgastado por años de baúl. La fatalidad hizo que tuviera una mancha de óxido en la manga, bien visible. Mi madre y mis tías lo solucionaron colocando encima un inexplicable lazo. A mí me pareció una maravilla.
El ayuno de entonces alcanzaba dede las 0.00 horas, por lo que a la salida, el ayuntamiento nos daba un suizo con una onza de aquel chocolate terroso de entonces. Nos daba la vida. ¡Qué lujo! Íbamos royendo el chocolate a mordiscos mínimos para que después nos quedara el último gran bocado, una venganza momentánea contra los años del hambre.
El día del Corpus, algunas calles se llenaban de juncia y romero y hacíamos altarcillos. Aquello eran días de fiesta. El pueblo entero olía a incienso y a hierbas.
Años después, en la adolescencia, nada de aquello me llenaba. Sentía que el tiempo pasaba con una lentitud rocosa, casi mineral, tan densa como las faldas del castillo. Ahora me interesaban otros corpus, otras celebraciones, otros misterios…

8 comentarios:

  1. Aquella Andalucía profunda, recién salida del hambre de la posguerra, nos ofrecía este cuadro de costumbres clónico en todos los pueblos de la región, con mínimos detalles diferenciadores. Pero para un niño era todo un universo, un Macondo ancestral en el que se aclimataba el alma infantil como en un ecosistema natural, fuente de toda experiencia.
    Genial lo de los bofetones doblemente eucarísticos, porque de hostias estábamos bien servidos.

    Y un brindis especial, querido Alberto, por atreverte a abrir de nuevo esta barra, a pesar de los tiempos de escasez que corren.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu coemntario y por tu brindis, pero que este no sea un brindis al sol: ponte al trabajo y cuenta algo, riográfico o no, pero que nos haga vibrar.
      A ver si la barra se va llenando de nuevo de bebedores de alma sórdida y hermosa y esto empieza a trasminar vida.

      AG

      Eliminar
  2. Tan distante y distinta nuestra Primera Comunión!
    El Padre Keagan confesaba a todos los chicos del colegio de nueve años en una hora. La mayoría inventábamos pecados que no habíamos cometido sólo por tener algo que decir frente a ese viejito que ponía la misma cara frente a un pecadito miserable como haber peleado con tu hermano o ante el terrible espanto de haber envenenado al perro del vecino. Finalmente, terminábamos diciendo que habíamos mentido y santo remedio. Tres padrenuestro y ya quedábamos de nuevo con las llaves del Paraíso a nuestra disposición.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cuando estuve interno en el colegio del Sacromonte, aquí en Granada, ponían a confesar a un cura muy mayor, que era casi sordo. Las preguntas las hacía en voz alta:
      -¿Actos impuros
      -...
      -¿Sólo o en compañía?
      -...
      -¿Con chicos o con chicas?
      -...

      Todo muy íntimo y personal. Al final decía, y todos coreábamos en voz baja:
      -Adiós, vete en paz...

      AG

      Eliminar
  3. Santos bebedores: no debería pasaros desapercibido mi intento de resucitar el Barralibre. Venga, ¡a producir!

    AG

    ResponderEliminar
  4. muy interesante leerte..
    me voy con buen sabor en mi mente

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro. Por ese languideciente blog sólo aparezco alguna vez que otra. El mío es:

      http://albertogranados.wordpress.com

      Quedas invitada.

      AG

      Eliminar
  5. salud,chin chin, uno cambia sus costumbres porque uno cambia...

    Petra

    ResponderEliminar