El sillón de las noches



No soy metódico. Tampoco encuentro nada que envidiar a quienes lo son y me rodean. Prefiero cierto tipo de desorden. Soy de los que cree firmemente en la bondad del azar. Incluso soy capaz de creer en su maldad. En que no sabemos nada y nada está ahí afuera dispuesto a ser conocido. El incrédulo vive mejor porque todo le asombra con más fiereza. El crédulo es un incrédulo con fe en la bondad de las cosas y de las personas. Se trata en el fondo de irse uno sinitiendo hospitalario consigo mismo. Yo lo soy siempre que puedo. Me satisface encontrarme, saludarme, verme con esa distancia que permite apreciar ciertas cosas que la cercanía o la intimidad emborronan. En uno de los pocos asuntos en los que acepto el metodismo, la rutina y la previsiblidad, es en el butacón en donde leer. Jamás he dejado de tener un rincón idílico, ustedes ya me entienden, en donde perderme con los libros o escuchando música o viendo cine. Delante de ese butacón hay una pantalla de televisión embutida en un mueble reventón de libros que me miran cuando yo los miro. Hay entre los libros y yo una confianza que va ganando con los años. Una cosa curiosa de este rincón de lectura es la necesidad absoluta de que sea de noche cuando lo ocupe. No creo que me haya sentado ahí de día. A la luz de sol tengo otros rincones de evasión espiritual. Se precisa una ventana bien cerca. La mano aparta las cortinas y se aprecia el runrún de la calle y el ir y el venir de los coches y de los transeúntes. Uno lee novela negra y se detiene en la escena en la que entran en el caserón con aviesas intenciones. Las aviesas intenciones criminales de siempre, no crean. Pero fascina esa detención del tiempo. Elevar la mirada. Buscar en la calle un indicio de novela negra en las aceras, yo qué sé. Otro día alojo por aquí el butacón de día. El de la noche es éste. Lo adoro. Aquí he revisado a Borges, descubierto a Connolly, pensado otra vez a Séneca, escuchado Kind of blue con lágrimas en los ojos, visto North by northwest con un pellizco de sobrecogimiento en la boca del estómago. En lo demás, en lo que no es literatura, cine o discos, prefiero las barras de los bares, las terrazas en las plazas de pueblo o los paseos por el mar. Todo eso está fotografiado y registrado, pero el sillón me miró cuando me senté a escribir esta rendición animosa y feliz de mis vicios.

5 comentarios:

  1. Leyendo este texto, poroso y cenital, me acuerdo de la canción de Pablo Guerrero sobre su sillón, cantada con Javier Álvarez. En algún momento de la vida todos debiéramos encontrar un sillón así, no sé si "de nuestros antepasados", como dice la canción, pero sí, desde luego, un sillón nocturno como el que tú nos cuentas, lleno de arrugas posturales de un cuerpo descansado en la mirada lumínica. Un abrazo!!

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  2. Cuentas los pedagogos que para que la atención tome asiento todo aspirante a lector, estudiante o meditador debe buscarse un rincón donde aposentar su mirada.

    Envidio tu sillón, Emilio. En mi casa, los sillones andan cerca de la tele, eficaz enemiga de la lectura (que no del ensimismamiento). Debo buscar urgentemente un canapé psicoanalítico, una concavidad en donde dejarme caer.

    Por ahora me conformo con pensar frente a mi IMac, o aposentado en mi cama. Prometo ir a Ikea y solucionar esta imperdonable contingencia.

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  3. Es el sillón totémico, la vuelta al útero materno o al edén de garrafón que cada cual se fabrica con los reales de lo leído, lo llorado o lo escuchado.
    Feliz noches de recogimiento: siempre nos quedará un sillón.

    AG

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  4. Tiene ese sillón algo de trono laico, en el que se celebra una liturgia privada, personal e intransferible, cuyo ritual se atisba a la luz de una lámpara que alumbra todo un mundo de criaturas crepusculares deambulando por las páginas, el celuloide, los surcos del vinilo, hasta penetrar en los recovecos de tu alma ebria.

    Tus lectores somos también, en cierto modo, beneficiarios de ese sillón de la noche.

    Brindo.

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  5. ¡Qué maravilla, Emilio! Yo, que soy bastante ritualista, carezco de un sillón como ese. Hoy estoy en este rincón, mañana en otro, pasado en mi cama, después .... veremos.

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