El candidato y Kafka




Cuando el domingo el candidato se despertó tras una noche de pesadillas, se miró en el espejo y no se reconoció. Dudó si se llamaba Alfredo Rajoy o Mariano Pérez Rubalcaba. Trató de ensayar una sonrisa preelectoral, sin lograr otro gesto que una mueca desagradable, al modo de la de Esperanza Aznar.

"¿Qué me ha ocurrido", pensó. Se pellizcó su piel, extrañamente gelatinosa, para comprobar que estaba despierto y en su propia habitación. Se percató de que era así, pero estaba él solo, sin rastro alguno de su mujer ni de sus hijos. Recordó que debía acudir a su colegio electoral antes de las 10, para no ofrecer una imagen de persona perezosa. Tampoco le convenía ser el primero, a fin de no mostrar la prepotencia del empollón de la clase, el repelente niño Vicente que tanto irritaba a los ciudadanos.

La jornada previa había sido de confusión, más que de reflexión y, a poco de acercarse a las urnas, le asaltó una tremenda duda irracional (las del resto de los votantes eran dudas razonables): "¿A quién he de votar a Alfredo o a Mariano?", inmerso en pleno trastorno bipolar. No distinguía entre las promesas electorales propias y las de su rival, ni diferenciaba los eslogans de la agotadora campaña. Un súbito daltonismo ideológico le hacía confundir el rojo y el azul y dudaba si su logo identitario serían aquellas gaviotas chillonas y carroñeras o el puño cerrado (signo evidente de crispación) apretando una rosa ajada y descolorida.

Conectó el televisor e hizo zápping con la esperanza de encontrar algún signo revelador de la realidad. Las noticias, sin embargo, no se referían en ningún caso a la jornada electoral ni a la afluencia de votantes a aquella hora temprana. Insistían reiterativa y machaconamente en la disparada prima de riesgo y en la voracidad de los mercados que amenazaban con devorar la zona euro, escenificada como una auténtica orgía caníbal de zombies, que recordaba  sus recientes pesadillas y que ponía en peligro extremo la economía del país, el mismo día de la jornada electoral.

Notó un sudor frío, temblor y escalofríos incontrolables. Experimentaba una especie de pánico escénico, inédito hasta ese momento. Salió a la calle y comenzó a andar sin rumbo fijo.

Telediario, 3ª Edición. Última hora. Seguimos sin noticias de los candidatos de los principales partidos. Las Juntas electorales, sumidas en la más completa perplejidad, se reunirán con el Consejo de Estado y decidirán si abrir o no las urnas a las 8 de la tarde y proceder al recuento de los votos, sin saber qué hacer con los resultados. Continuaremos con la información, tan pronto se produzcan novedades. Buenas tardes. 

5 comentarios:

  1. Samsa en Moncloa.
    El insecto universal repartiendo carteras. Aparecieron después, los candidatos, en una barra de bar.
    Hablaban de fútbol. De su Real Madrid querido. Del amor a las mujeres y a la buena mesa. De lo que nos une, en fin, de lo que hace que ser humano sea una actividad noble y hasta lúdica y gozable en ocasiones.
    En el fondo el ente Rubaljoy no era tan terrible. Los dos gobernaron en la sombra. En la mesa de un bar, con el Marca en la mesa, bebiendo chupitos de realidad para no indigestarse. El pueblo nunca supo de su existencia, pero el país iba de maravilla.

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  2. Gracias, Kaplan: ¡Eres (el) único!

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  3. Durante la campaña, algunos políticos del Pepé hablaban un idioma similar al de la izquierda. Si no fuera porque sabes quiénes son, dirías que son dignos herederos de la lucha obrera. Las elecciones son, como dejas caer, kafkianas (inclanianas).

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  4. La política se "comoditiza" - Todos iguales. Todos con slogans idénticos. No es casual la confusión, por eso yo siempre voto por la más tetona...Ya sé, no es serio, pero tampoco la política.

    Zapatero a tus zapatos...

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  5. Los políticos son unas larvas. Ups, perdón, me dejé llevar.

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