Todas hieren...


«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.»

Roy Blatty / Blade Runner


(En la cama, expiando, dando un sí y un no, más allá que acá, en el hilo de luz en donde la vida y la muerte se miran de frente...)

Habla el moribundo:

Tengo conmigo mismo la sana costumbre de no contrariarme. La tengo sin atisbo de rubor y la aplico con mimo sin que me importe quién me observe o a quién importune. Malogra esta rutina de mi alma el concierto ajeno, el mal hábito de examinar con lupa el proceder ajeno y de hurgar en lo que no es propio ni nos compete. Poseo vicios que no sabría explicar y probablemente lo sean y exhiban grandeza y hasta noble fuste precisamente porque las palabras, las torpes palabras, no sepan contarlos a quienes no los disfrutan. Porque dejadme que os diga: los vicios se incrustan en el espíritu como ninguna otra cosa que yo conozca, se hacen cauce de júbilo en la sangre y torrente de placer en la cabeza, que es el órgano censor de lo que el corazón va pidiendo para su banquete de gozos. Siendo viejo y viendo en puertas la caricia de la parca, he querido hoy pensar en mí como un pecador grandioso, uno a salvo de la conciencia, cauteloso en no perder la compostura, ejecutar en público procederes aceptables y deleitarme hasta el desmayo en vicios privados, en pecados domésticos, escondidos en ocasiones, inevitablemente manifiestos en otras. Moriré con el cuerpo contento de vértigo y de riesgos, enfermo de todo lo bueno y de todo lo malo que a mano se me puso, y fue mucho, lo juro. Fue tanto que mi memoria no alcanza a ordenar los festínes y desisto de la idea de esforzarme en recordar algunos y en no traer otros. Os diré que sólo viví para esos placeres, aunque aparentara oficios vulgares que únicamente procuran alegrías vulgares. Las mías más de adentro estallan en mi pecho como un fuego de artificio que iluminara el orbe. He visto yo cosas que vosotros no creeríais, he sentido el espasmo de Dios en mi carne al cincelar con mi lengua el origen del mundo entre las piernas de mil mujeres, he volado al abismo de las mismas tinieblas al probar sustancias que parecerían manjar promiscuo de los ángeles más lascivos, he regresado al mundo y he sentido en mi alma el ruido que la vida ofrece a la muerte para que no me lleve en uno de esos trances de luz y de sombra, pero ahora no tengo fuerza y me duele el mundo desde que abre el sol hasta que se despeña en la oscuridad a la que pertenezco. Soy un hijo oscuro de un dios oscuro y he vivido en la oscuridad y a ella regreso. No busquen entre mis pertenencias restos de esta vida crápula, pecadora y viciosa que he llevado a límites escandalosos, no crean que nada de lo que yo he vivido puede registrarse en un texto o puede recitarlo un poeta con una lira en los patios del universo. Se irán conmigo mis pecados, los conduciré con amor infinito al último cobijo en donde mi alma repose. Y si no hay reposo y no hay dios y nada hay después de esta travesía de locura y de fuego, tendré en el último aliento la dicha de repasar en un instante la fiebre y el vértigo, el peso formidable de haber vivido como sólo puede vivir un pecador absoluto, un fistro, te das cuen..? Ahora os dejo, parto, me voy al Corte Inglés a comprar un libro de Bucay. Me han dicho que si me lo leo entero tengo garantías de que mis pecados se borrarán como si un confesionario express (tipo Retiro) surgiera de la nada y un sacerdote me limpiara como sólo los sacerdotes, cuando se esmeran, saben hacerlo. Ustedes, pecadores que leen, entienden.

Emilio Calvo de Mora

7 comentarios:

  1. Verdad revelada, por fin, el vicio oculto, inconfesable, camuflado entre mil descensos a los infiernos de este mundo,la deriva vesánica de Edgar Allan, La Historia de "E" del siglo XXI, a mayor gloria de Leopold von Sacher-Masoch , era , es y seguirá siendo per sécula seculórum, por mucho que disimules: Las mil lecturas de Bucay.
    Pues, ¡toma!, siéntate, lee y disfruta como un marrano en un charco:

    "Porque nadie puede saber por ti. Nadie puede crecer por ti. Nadie puede buscar por ti. Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer. La existencia no admite representantes."

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  2. Reconócelo. Y además te tragas toda la programación de Tele 5.

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  3. Tomás Fdez.30 agosto, 2011

    Yo, pecador profesional, he encontrado razones para seguir pecando. Dios Te Salve, oh Gran Pecador Nuestro, Guía de Nuestro Periplo a la Salvación Inversa.

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  4. Fernando Carmona López30 agosto, 2011

    Me surge una duda casi teológica: el vicio es una consideración exclusivamente moral? Digo yo si el cuerpo no se quiebra con tanto exceso y al final nos manda al hoyo antes. Por viciosos, sobre todo por viciosos. A Bucay que le den vicios a ver si se rearma de literatura y hace libros en lugar de panfletitos de automedicación. Un placer, sr. Emilio.

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  5. A mí me sucede también algo similar: no concibo una existecia feliz sin el ejercicio de la contradicción. Reniego ante la fría cotidianeidad. Me encanta discutir, rebatir, encarnizar debates absurdos por el solo gusto de la pelea. En toda conversación tengo la ingrata capacidad de intuir qué argumento es una enorme estupidez y no callarlo. Veo en la existencia siempre lo que no está, lo ausente... Me aburre el presente.

    Tanto que a veces necesito descansar de mí mismo. Entonces me solazo en la vacía presencia de un escaparate y, como tú, amigo Emilio, huyo deambulando por los corredores de El Corte Inglés.

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  6. Listón alto el que has puesto en esto de cristalizar el vivio (y sus virtudes terapéuticas). Me va a producir envidia no legar a tan alta calidad, además de que cuando he elído ciertos párrafos, como no soy de piedra, he sentido un calorcillo muy parecido a la incontinente lujuria.
    Perdona, tengo que terminar este comentario, que me estoy dejando llevar por una gula bilímica y me voy al frigorífico. Eso que os perdéis, qu ya sabemos todos lo bien que escribo.
    A propósito: ahora, cuand me pida introducir el captcha hasta tres veces, me dejaré llevar por mi furibundo carácter y os maldeciré compulsivamente.

    Alberto Granados

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  7. Che, ¡no todos los argentinos son Bucay! (Aunque hay que reconocer que algunos son peores).
    Para reivindicar a mis coeterraneos viciosos, te dejo este texto de Lugones:

    "Poco antes de la oración del huerto, un hombre tristísimo que había ido a ver a Jesús, conversaba con Felipe, mientras concluía de orar el maestro. - Yo soy el resucitado de Naim - dijo el hombre. - Antes de mi muerte, me regocijaba con el vino, holgaba con las mujeres, festejaba con mis amigos, prodigaba joyas y me recreaba en la música. Hijo único, la fortuna de mi madre viuda era mía tan sólo. Ahora nada de eso puedo, mi vida es un páramo. ¿ A qué debo atribuirlo? - Es que cuando el maestro resucita a alguno, asume todos su pecados - respondió el apóstol -. Es como si volviese a nacer en la pereza del párvulo. - Así lo creía y por eso vengo -
    -¿ Qué podrías pedirle, habiéndote devuelto la vida?
    - Que me devuelva mis pecados - suspiró el hombre".

    Leopoldo Lugones

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