Divinos apuntes autobiográficos

Estas memorias sólo pretenden dejar alguna evidencia de mi enorme fracaso, cuya dimensión tal vez resulte inabarcable para las mentes de esos desvalidos seres humanos que hice aparecer en un momento de fallida demencia creadora, en una vana tentativa de conseguir la admiración de mis padres, hermanos y vecinos.

Me llaman Dios y me han ido adorando durante milenios con la incomprensión que les confiere su estúpida pequeñez. Me han atribuido unas capacidades de las que en realidad carezco: no soy eterno, ni omnipresente, omnisciente, todopoderoso, bueno, inmutable… ¡qué más hubiera querido yo!. Tampoco soy tres Personas, ni tuve un hijo a través de una muchacha virgen y un carpintero, como no tengo nada que ver con palomas, lenguas de fuego, jardines edénicos, paraísos bobalicones e insulsos o infiernos sádicos y siniestros. Todo eso son sólo los dogmas que unos espabilados han ido sembrando para hacerse con una parcela de poder que implica una previa proximidad conmigo, un privilegiado acercamiento a lo que supuestamente deseo revelarles, un conocimiento directo de mis designios… ¡como si yo tuviera verdades irrefutables, designios destinados a cumplirse o proximidades reveladas o compartidas con nadie!

Soy sólo un miembro más de mi comunidad. Uno de los más torpes, según se desprende de los brillantes resultados que han ido alcanzando los demás frente a la tristeza y la poquedad de mis logros. Ellos han sido capaces de generar auténticos ámbitos de armonía, de belleza y felicidad, mientras que, pese a mi esfuerzo, sólo fui capaz de crear un universo fallido, lleno de accidentes que mis cálculos chapuceros nunca pudieron prever ni prevenir. Además, empecé a crear seres que deberían haber convivido en paz pero que, por algún problema que no consigo explicarme, salieron díscolos, ambiciosos, agresivos… auténticos depredadores, de los que mis favoritos resultaron ser los peores, aunque jamás lo hayan aceptado.

Tapiz de la Creación, catedral de Gerona, s. XVI

Es cierto lo que todos dicen: hace ya mucho que soy una criatura senil, próxima al desamparo, a la decrepitud, a la extinción, pero los demás censuraban mi existencia improductiva y cuando me decidí a llevar a cabo mi Creación tal vez era demasiado tarde… No quedó contento nadie.

Sé que mi fin está próximo y sufro por esas criaturas que creé, cada vez más desvalidas, más indefensas ante mí, ante sí mismas… Los tengo casi abandonados. Los fallos se acumulan y ni tengo idea de cómo arreglarlos ni ganas de esforzarme por encontrar una solución. A veces pienso que no debo dejarlos abandonados al azar cuando yo esté a punto de desaparecer: sería más piadoso eliminarlos antes de que mi universo y yo mismo nos deshagamos y quedemos sólo como una cósmica pesadilla de un profeta estúpido. Tal vez así, todos encontremos el descanso a tanto fracaso, a tanto dolor. Un descanso (esta vez sí) eterno.


Alberto Granados

6 comentarios:

  1. me destoco ante este texto.
    y entono un hallelujah

    http://noeslomismoparecido.blogspot.com/2011/06/hallelujah.html

    salú!
    y buena vida...
    f

    ps: esta "discusión" teológica ya está tomando forma para editarse en papel...

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  2. Una penúltima pregunta,Dios:¿Quiénes son los otros miembros de tu comunidad (dices que más listos que tú)?

    Teodioso

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  3. Alguien dijo que no envidiaba a Dios. Pensar en la tristeza eterna que debe producirle comprobar que el libre arbedrío humano sirvió más para desfacer armonías que crear belleza... Si lo llega a saber, quizá Dios se hubiese decantado por crear un autómata programado que moviera el rabo y fuera dócilmente a por el hueso. Pero no, prefirió un más difícil todavía, un ser cuántico, indeterminado, inestable.

    No sé, quizá ahí esté la gracia y el encanto, en que cada cual deba conquistar por derecho propio su plaza en un paraíso particular.

    Buenas noches, Dios.

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  4. Solo....
    cómo de grande es el bufete de abogados de Dios?

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  5. F, no es para destocarte: tú tócate, por favor, tócate cuanto quieras.

    Miguel, vemos al dios oficial como inconmensurable, pero el mío no es sino uno más entre muchos, incluso de los menos brillantes.

    Ramón, en efecto, el libre albedrío nos permite ser infelices y ahí está, no sólo el encnato de la existencia, sino el origen de la narrativa.

    Emilio, no se ha molestado en poner un libro de reclamaciones. Él es así.

    Gracias y abrazos,

    AG

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  6. Perdón por llegar tarde. Estaba ausente con aviso.

    Si es cierto que nos hizo a su imagen y semejanza, así mismo debe ser este dios creador.

    Excelente, Alberto. Y también me di una vuelta por tu Génesis.

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