Summer in Spain



Resulta raro que los medios aún no hayan publicado la recurrente noticia acerca de las cualidades saludables de la cerveza. Pero no se preocupen, el verano atrae a todo tipo de vendedores de felicidad; es tiempo de asueto y holganza, muy a pesar de que los augurios mediáticos describan una España agonizante, que sucumbe presa del déficit y el paro. Los españoles estamos de vacaciones. Este año quizá más apretadas; quien en 2010 saliera 10 días, hoy toma rumbo a las costas con el presupuesto ajustado a 7, a 3 si se apuntan los suegros. Pero las vacaciones que no falten; que en España podrá no haber dinero, pero para comida, bebida y unas juergas, siempre hay de sobra. Ya vendrá septiembre con la depresión posvacacional, las facturas, los kilos de más, la precampaña, el 15M...; de momento el español hace su kitkat. Porque el verano es algo así como una cura de olvido transitorio, un mecanismo de defensa colectivo contra las excrecencias del resto del año. Para amargarse la vida ya tenemos la temporada otoño-primavera.

El carácter español es por naturaleza olvidadizo, sobre todo si tiene en el horizonte la promesa de una buena mesa, una cerveza helada o el patrio tinto de verano a mano, sobre el chiringuito techado. Nunca hemos sido un país muy vindicativo, salvo que nos toquen el menú, el fútbol y la Virgen del pueblo, o que nos menten a la madre de uno. Entonces sacamos el bravío taurino y tiemble el cielo; hay cosas sagradas. El resto se resuelve con un invítame a unas copas y todo queda olvidado.

Aunque parezca mentira, hubo un tiempo no muy lejano en el que no existía en España la clase media y eso de las vacaciones era cosa de la aristocracia. Pero el desarrollismo sesentero vino a resarcir el agravio clasista e insufló de pesetas la economía familiar, se construyeron colosales moles de hormigón y ladrillo frente a las playas, esquilmando el patrimonio natural, a mayor gloria de la principal fuente de ingresos en nuestro país: el turismo. Los españoles, encantados; los alemanes, más. Por primera vez podíamos sentirnos como los ricos; viajar en nuestro 600, cargado de seres y enseres, rumbo al paraíso. Marbella, Matalascañas, Ibiza, Mallorca, se convirtieron en enclaves favoritos del veraneo. El verano español transmutó la obligada visita a la familia del pueblo en el formato actual, hotel-playa-chiringuito. Quien no iba de vacaciones pasaba directamente a ser un desgraciado, un recuerdo de la España gris de posguerra. Ir a la playa -el deporte universal de la burguesía decimonónica- pasó a convertirse en un signo de modernidad. Hoy no pasa de ser el ritual cotidiano de temporada.

No es de extrañar que para el español contemporáneo el verano venga a ser algo así como una congelación dentro del ciclo anual de nuestras vidas, como si el resto del año solo fuese un mal sueño, un tiempo de esclavitud en el que los días consumen sus horas al ritmo de nuestros afanes. El verano es el descanso del guerrero, el merecido premio a nuestros esfuerzos. Unos días durante los que podemos sentirnos libres de las contingencias que esclerotizan nuestro horario. El español estándar es un ser escindido; doctor Jekyll en casa, señor Hyde de vacaciones. Descargamos los excesos en temporada estival y fiestas de guardar, resarciéndonos de la bruma emocional que la faena diaria acumula sobre nuestras espaldas.

Ramón Besonías Román

4 comentarios:

  1. cuantas cosas se pueden entender de nuestra actitud, desgranando estas palabras del verano vuestro misturadas con el cocoliche peninsular de nuestro otro gran dador de pareceres tal como la querida Italia, también recojo en esta formación a distancia el fascismo de mediados de siglos producto común de los tres Países, el nuestro por supuesto como ensayo a distancia de los hijos perdidos hoy tan cercanos por los medios de comunicación y básicamente por la irracional manera de entender nuestras necesidades, un abrazo
    PD: claro que aquí( Argentina, Bs As ) estamos en el otro lado del verano pero eso si preparados para las vacaciones de invierno y que la nieve nos libere de cualquier esfuerzo inteligente.

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  2. Todos los países tienen sus vacaciones. Aquí (en Suecia) no queda un alma, reparten sus días festivos entre las playas y las fiestas ibéricas y el retiro en sus cabañas del bosque. Veo más diferencias en las postvacaciones que comentas... los españoles sufrimos resaca, como marcas es un periodo de congelación, de dejar pasar el tiempo esperando que a la vuelta los problemas de antes se hayan resuelto solos. En el norte, la gente parece volver "recargada". Supongo que unas dosis de sol al año no van mal, y quien sabe quizás los beneficios de la cerveza sean reales (aunque de esta ya beben mucho todo el año, eso no debe ser).
    Un abrazo.

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  3. Sí, Ramón, el verano tiene otra longitud en esta latitud. Sus coordenadas son el largo día de playa, cerveza y siesta de Dr. Jeckyll y la corta -pero intensa, liberadora y trangresora- noche de Mr. Hyde. Día de ojeadores y noche de cazadores. Y como diría un híbrido entre Sabina y Radio Futura, ruido, mucho ruido en esta escuela de calor. Así pues, cuidado con vuestros Mr. Hyde en el calor de la noche.
    Abrazos.

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  4. Es una religión con su completo inventario de iconos y con algunos altares irrenunciables, Ramón. Chiringuito, amén.-

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