Oh yeah / Festejo lírico del verano en tres actos


I

El tacto novicio que turba el silencio
estalla más tarde en precoces jadeos.
Es aviso muy breve de purgatorios dulcísimos
donde el alma festeja un incendio de algas.
Es mástil que puja, es espuma que cede.
Las olas no tienen pudor y nos lamen.
La carne tutea a la muerte y la burla.
La carne no acata las horas y las hiere

II

La piel huele a coppertone y a sardinas
y suena bob dylan en un coche a lo lejos
mientras una familia recoge los bártulos del domingo
y tú me enciendes un chester y me besas sin mirarme.
El cámping no es un palacio de invierno.
y no tengo ayer con el que ocupar este ahora
que me obsequia de prodigios y de cansancio
y hace de vivir un secreto sencillo y muy puro,
sin misterios ni hondura,
con toda la evidencia del amor, oh dilecta mía,
varada en la voz como canto.

III

Porque la fe y el amor y la esperanza
están contenidos en el verano, te cuento al oído,
nombrando a Eliot en una casa eduardiana,
flanqueado de libros que huelen a invierno y a perro.
Sólo a ti se te ocurre recitarme poesía clásica, me regañas.
En la carretera hay un tío que vende hielo.
La cerveza caliente me gusta lo justo.
Tengo el estómago vacío.
Me quedan mil pesetas en la canadiense.
Ya no hay lugar para la lírica entre los zurcidos del alma,
pero te amo y me tiemblan las palabras en endecasílabo.


Caños de Meca, Cádiz, 1.990

Emilio Calvo de Mora

7 comentarios:

  1. ¡Cómo se nota que te dieron ya las vacaciones! "La fe y el amor y la esperanza
    están contenidos en el verano". No ahorras en elogios. Oda al verano, no sé si el reciente o el recordado, el de la infancia. Creo yo que dibujamos siempre el presente a partir de los retales deshilachados que sobrevivieron de los naufragios de antaño.

    Por cierto, explica eso de Caños de Meca. ¿Estás allí, fuiste hace oco, fue tu lugar de veraneo en la infancia?

    Lo que son los recuerdos. "Las olas no tienen pudor y nos lamen". A mí no me gusta especialmente la playa. Mi tez albina, supongo. Me gusta pasear por la orilla, tomar una cervecita en el chiringuito, jugar unas palas y poco más. Cuando entro en el arenaje una fuerza reactiva me tira hay atrás, aunque al final la dictadura familiar gana.

    Buen verano, amigo.

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  2. Recordado, primeros noventa. No fue escrito en Caños de Meca, pero sí entonces en mi cabeza. Lo he extraído. Salvo días fortuitamente exóticos, soy tu doble exacto. Añado a la tez albina, a los paseos por la orilla, a la cervecita de barra, a las palas con los nenes y a la reacción del agua, con la dictadura familiar como coro griego, el amor por la prensa a pie de ola. Devoro los periódicos. Ni Proust me hizo pasar mejores momentos.

    Bueno el tuyo. Nos vemos con calor (es una osadía, a pesar de las ganas) o después en cuanto se alivien los aires de presión.

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  3. Ay de los amores de verano. Nacidos para arder y apagarse con las lluvias otoñales.

    Les cuento, compañeros míos, que Buenos Aires está sumergida en una ola de frío polar. Lejos de la cerveza, me dispongo a disfrutar de un poco de Baileys y a dejar que sus palabras me traigan calor.

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  4. buenos aires está helada, gélida y álgida de previas electorales y otros avatares.
    es bueno pensar en el mar, en el verano!... en las olas, perdido el pudor.

    y acá me voy, habiendo completado la prolija y placentera lectura de vuestros archivos que se me habían apilado en el desatino de la domesticidad.

    me voy con el alma como de verano, claro.

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  5. No hay nada como un viaje iniciático a la luz virginal del Atlántico para celebrar el verano. La fiesta de los sentidos, grabada a sol y sal en la piel de los descubrimientos.Y cantaba Bob Dylan. Qué más da que quedara tan solo un talego en la canadiense, si Eliot estaba de tu parte. Aunque nada es baldío en las playas de Cádiz. Jóvenes, éramos tan jóvenes...(y aún no habíamos leído a Proust).

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  6. No fue éste al menos el que se extinguió, Malena. Te cuento que envidio en cierta forma el frío que padecen los que ahora padecemos calor. Luego me sucede justo al contrario. Un beso.

    El alma invernal, miralunas, la mía en todo caso, es más creativa. Eso es lo malo del verano, que uno se amodorra, se convierte en un sujeto pasivo de tantas cosas, pero siempre hay un huequito para lo bueno.

    Y cantaba Bob Dylan, Miguel. Y no había leído a Proust ni puñetera falta que hacía. Éramos más jóvenes. Sólo eso, amiguito.

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  7. Todos hemos tenido una playa así o deberíamos haberla tenido.
    Gracias por traernos los recuerdos y hacernos los recuerdos tan vivos, Emilio.


    Rafa

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