Hasta que las estrellas revienten en el cielo de Beverly Hills



Soy Tom Waits y ya no soy un hijo de puta. No me pregunten cuánto vale un gramo de coca. Pregunten otra cosa. Por mi mujer o por los concursos de la televisión. No leo libros ni periódicos. Me da lo mismo si ganan los demócratas o los republicanos. Obama es negro, de acuerdo. B.B. King sigue de gira a sus 85 tacos, pero John Holmes se fue al infierno con la polla ardiendo y sin un céntimo debajo del colchón. Haría lo que sea por redimirme. De hecho ensayo salmos cada noche. Rezo al cielo infinito y me hinco de rodillas, cerrado el corazón, callada la boca, pensando en mis adentros la salmodia que me exhima del tabernario relato de mis pecados. Fueron muchos y todos se conjuraron para que mis canciones describieran el estado putrefacto de mi alma.

Soy Tom Waits y ahora pago un recibo mensual por la televisión por cable. La única resaca que padece mi cuerpo cada mañana es la de la abstinencia absoluta. Y juro por Dios que lloro al recordar los años gastados en las barras de los bares, las noches eternas contemplando el paraíso en el fondo de una botella de Jack Daniels. Anoche vino un periodista a casa. Le ofrecí un te aromático y amenicé la entrevista con un disco de Barry Manilow. Mi mujer sabe el dolor que he sufrido y aprecia en lo que puede la redención a la que me he entregado en cuerpo y en espíritu. Mi manager me pide sangre, pero yo sólo sé darle algodón. Todas las noches descarrila un tren lleno de algodón en mis sueños. Juro que cada mañana me levanto empapado en sudor, gritando como un lobo enjaulado, lejos de la manada, obligado a enseñar los dientes muertos, alimentados con hamburguesas del McDonald's. Soy el lobo recién ingresado en la sociedad civil. El vampiro con nómina. El delincuente súbitamente al corriente de sus fechorías y entregado sin estridencias al bendito tribunal del pueblo.

Soy Tom Waits y ya no sangro cuando canto. A mi voz le ha crecido un cáncer y soy incapaz de disimular la enfermedad en un escenario, pero sabrán disculparme si no regreso al activismo de antaño. No esperen perros en la lluvia, hagan el favor de concederme la posibilidad de perderme. Yo no me siento con fuerza para escribir mi biografía. A veces se me escapa un aullido. Cosas del lobo que no ha dejado de romperme por dentro. En todo caso queda una brizna del salvaje que fui. Si me miran en detalle, si observan el mapa de mi rostro, advertirán la erosión, el roto que los excesos han dejado en los ojos. El santo bebedor es ahora un sencillo funcionario. Gano la paga como la gana usted. Me levanto temprano. Oficio el rito preciso para aparentar la normalidad que anhelo, pero basta con prestar la suficiente atención para percibir la metástasis. Soy un zombi. El cuerpo está muerto, pero la cabeza sigue ordenando el mundo. Soy una especie de dios rudimentario y caprichoso que ha encontrado un placer sublime en corregir los errores del plan y en cuidar de que no se reproduzcan de nuevo. Kathleen, mi venerada esposa, me ha librado del veneno. Me ha dicho: o el veneno o yo. Y a esta altura de la travesía, bebida media Kentucky, libradas todas las batallas con las que el hombre se cree divino, ungido por un don, Kathleen es el sol y también las estrellas.

Soy Tom Waits y la melodía es como el humo. El ritmo, ya lo saben, son las toses. Ya no importa que cante con el culo y recite a diario el evangelio de mi salvación. Fui un borracho rentable y ahora soy un crooner de mis recuerdos. Si quieren les canto My funny Valentine o Summertime como si no hubiese hecho otra cosa en la vida. Ladro lo justo, lo siento. Me sale la voz de perro, pero me duele lo que dice. Si quieren volver al ogro, saquen sus discos, inviten a los amigos, díganles que fui un dios salvaje. Fui un dios con un alambique de whisky en la mesita de noche. El dios ebrio con su don preciso.

Soy Tom Waits, el bastardo, el huérfano, el loco, el limpio ejemplar de una especie en vías de extinción, el que no se vendió a Dios, pero miró a los ojos al diablo y encontró refugio en el mal, en la belleza que el mal siempre alienta. Siento que no me hayan sabido comprender. De verdad que siempre intenté ser yo mismo. Lo fui cuando me senté en un cabaret y entoné un blues fúnebre. En el fondo no he hecho otra cosa en mi puta vida. Cantar un blues. En la intimidad, a salvo de las cámaras, de la mtv y del billboard, lo repito en ocasiones a mi amada Kathleen. Le digo que se acomode y lo hace con un desperpajo que me intimida. Luego busco una canción antigua. Y le ladro. ¿Eras perro o lobo esta vez?, me dice después de la reverencia protocolaria. Y la beso como un animal hasta que las estrellas revientan en el cielo de Beverly Hills.

Emilio Calvo de Mora

14 comentarios:

  1. Magistral este desdoblamiento lúcido, esta autobiografía apócrifa de Mr. Hyde, para volverlo del revés en su desesperado retorno al Jeckyll que nunca fue. Un ejercicio de posesión diabólica a la inversa -tú el mismísimo diablo- con el ritual del exorcismo incluido, todo en el mismo paquete. Esto, Emilio, roza la perfección. Intuyo gloria literaria y me alegro de estar aquí, porque seguro que te acordarás de mí cuando estés en el Paraíso. Mon ami

    ResponderEliminar
  2. Hay cine negro dentro y mucha lectura muy asimilada. No puedo hacer otra cosa que disfrutar con esta demostración de estilo. Tom Waitsdebería conocerte!

    ResponderEliminar
  3. Me quito el sombrero, un borsalino, porque es lo que se merece este inmenso post. Mira que eres grande! Mi admiración y afecto.

    ResponderEliminar
  4. Waits, convertido por fin en aquello que cantó siendo joven (si es que algún día lo fue). No se podía esperar un final diferente. Una vida escrita a su imagen y semejanza.

    La música de Waits (al Tom real no tengo el gusto de conocerlo y no sé si llegaríamos a congeniar) siempre me pareció un acto digestivo, una función vital. Ladrar por pura necesidad. Waits no vive de eso, es lo que canta. O eso me parece; quizá solo sea que es antes que cantautor un actor sublime de sí mismo. Es difícil separar su música de su personaje.

    No podría aguantar el ritmo de barra de Waits, pero comparto eso de que el arte es una hermosa forma de explicarse a uno mismo, de no estar solo, de aullar el aciago rastro de dejamos en cada derrota. La vida del superviviente.

    ResponderEliminar
  5. me he quedado sin aire. te has montado a Tom Waits desde sus visceras, eh?
    im pe ca ble, Emilio!

    ResponderEliminar
  6. Poliédrico Waits el que se nos retrata en esta galería de retratos, llena de contradiciones, de ángeles y diablos, de infiernos y paraísos.
    De vida, en definitiva. Voy a poner "The heart of Saturday Night", que lo tengo a mano.

    Estimulante.

    Alberto Granados

    ResponderEliminar
  7. Ahora que ha muerto Amy Winehouse, pienso en la posibilidad de reescribir el texto y hacer un sampling con todos los muertos honoríficos de la historia del rock o del soul o del jazz o del blues.
    Soberbio el texto, Emilio. Me incluyo entre los admiradores.

    ResponderEliminar
  8. Paco Rodríguez Puerto24 julio, 2011

    Mi Tom Waits de Swordfishtrombones está ahí agazapado. Está en posición de preparados, listos, ya, salgan al escenario y que el público disfrute. Yo, como lector, busco siempre el asombro, y esta biografía impostada de mi amado Tom Waits me reconforta y me transporta. De acuerdo con Miguel en esa posición de privilegio, y encantado de visitar (hoyla primera vez) esta barra muy libre. Cervezas frías y altavoces de ambiente par todos.

    ResponderEliminar
  9. Será la belleza convulsa o no será, escribió el surrealista Breton. Waits es convulso, poliédrico (bien Alberto) y lleno de aristas, como el Jekyll y el Hide (bien Miguel)...
    Será una buena serie, señores (y señora) de la barra...
    El siguiente, please.

    Hoy, disculpa, Emilio, no te escribo en tu blog. Este sitio es el escaparate perfecto, más cada vez.

    ResponderEliminar
  10. Chapeau, Emilio.
    Viva la Barra.

    ResponderEliminar
  11. Algo del animal no termina de irse.


    Excelente, Emilio.

    ResponderEliminar
  12. Eres Emilio, lo he vuelto a leer y eres un hijo de puta literario, permíteme. Nos vemos y lo concretamos en cervezas. Ya te aviso. No me presento, pero eso es lo que menos importa, por supuesto. Sabrás, sabrás.

    ResponderEliminar
  13. Me gusta mucho Tom Waits. Antes y ahora. Me produce un estado muy agradable de tensión creativa. Oigo lo que dice, lo mastico, lo siento entrar y salir, quedarse en mi cabeza y pedirme asilo fonético. Algo del animal que no se va (como muy bien escribe Malena) que llevamos todos dentro. Escribir sobre Tom Waits me produce más placer (sí) que hacerlo sobre Francisco Camps, pongo por caso. Con el placer en los dedos, al teclear, sale a veces el yo inspirado. Muy pocas veces, por supuesto. Con gente como Waits. Agradecido (siempre, mucho) por los coemtnarios.

    ResponderEliminar
  14. Me hiciste llorar.....es tan mio ese Tom tuyo. Fantastico.Paula

    ResponderEliminar