Fondos de escritorio


El paisaje de arriba es el no paisaje, la ausencia de paisaje, el paisaje convertido en su enemigo óptico, el asombro descabalgado del ojo y convertido en un manejo infográfico que apela más al cyborg que todos llevamos dentro que al paciente y bucólico observador de la naturaleza que se vino a perder en el siglo pasado cuando las máquinas robaron el numen y lo encerraron dentro de un sistema computerizado. 

El paisaje que ilustra este texto desangelado y frío no existe en ningún catálogo de agencia de viaje. Tampoco puedes encontrarlo fortuitamente si vas cámara en ristre por las afueras de Córdoba o por los adentros del cosmos. El friki de turno, alguno habrá que lea este barrunto de escrito tristísimo, verá la esencia de los tiempos que nos han tocado vivir y se verá en un nimbo o en uno de esos pliegues del campo verde asfixiante que un informático alumbró en un subidón de banda ancha creativa. 

Yo mismo tuve uno de estos no-paisajes durante un tiempo en el escritorio de mi ordenador. Era éste o uno bien parecido. Al encenderse la pantalla me miraba sin invitarme a entrar, me observaba sin entablar conmigo un diálogo provechoso para ambos. Lo desinstalé en un acceso de cólera cuando el buscador de imágenes de google me regaló una calle negra de cine negro americano. Un hombre se desangraba en la trasera de un restaurante italiano. Vestía un impecable traje gris y el sombrero de ala ancha le tapaba un destrozo severo en media cara. La otra media era la de siempre, la que no entiende por qué las cosas se pueden torcer y conducir la vida de un hombre al desastre en un callejón oscuro, al que Dios (uno de los dioses que el buen lector decida usar como válido) olvidó cuando cartografió la júbilo y la paz en el mundo. Tuve al muerto trajeado un par de semanas, pero mi mujer me advirtió agriamente: quítame ese fondo, Emilio, que no dan ganas de abrir el ordenador, hombre.  Scarlett Johansson tampoco duró mucho. No porque ofendiera el buen gusto ni porque te hiciera pensar en lo caótico del corazón humano sino porque te miraba lúbricamente cada mañana, después del café, y salía uno a la calle gigolo y rompedor, dispuesto a comerse el mundo o a aceptar que el mundo, soberano en lo suyo, se lo comiera a uno. La opción que ganó fue la pantalla que traía el aparato de serie: un fondo azul, hiperrealista, maravillosamente pulcro, con el logo de la marca en un rincón, avisando sobre la autoría del prodigio recién abierto. 

El paisaje de arriba es el no-paisaje, el que no dice nada, el que te invita a pensar poco o a no pensar nada. Lo curioso es que me siento bien dejándome caer por sus cromatografía. No pensar es evita la actitud de riesgo que supone hacerlo. Uno encara un paisaje hermoso (un campo de olivos, un mar que se encabrita en la distancia, un cielo que revienta sobre nuestras cabezas)y se desata el yo narrativo, se lubrica el salto sináptico y algo parecido a la felicidad (sea eso lo que el buen lector decida que sea) se instala en el córtex, reina allí durante unos segundos y permite que podamos volver a ese instante maravilloso en el futuro, rescatando el olivo entre los olivos, el mar embravecido y el cielo rompiéndose sin perdón. Pero a veces no tiene uno deseos de trascender, de perseguir unicornios en un prado poblado por ninfas, de dejarse crucificar por el viento. Por eso en la pantalla del ordenador, cobardes que somos, ponemos un fondo de alta resolución. No ponemos la cara de Ingrid Bergman en Notorius. No ponemos al gordo de Minnessota hocicando sobre el tapete buscando colar la negra. Es más fácil la inercia: en la inercia, en la rutina, en el limbo de lo que no invita a nada, está la verdadera esencia de estos tiempos, le digo a mi amigo K. Él tiene a Christy Canyon, sí, esa diva del porno de los primeros setenta. La tiene en una pose discreta. No está demostrando lo buena felatriz que es. No pide que interpretamos la ingesta masiva de carne. Perdonen, estaba divagando. Eso es lo que pasa cuando en el escritorio del windows de los cojones pones un fondo de los que no vienen de serie. Ya saben, el gordo Hitch diciéndole a la rubia que abra muchísimo los ojos, la promiscua Christy asegurando la subsistencia de la especie, el muerto en el callejón con un mandoble en las costillas. Qué peligroso es pensar, qué dulce y qué adictivo es el riesgo.

7 comentarios:

  1. La leche viene del Tetrabrick, las naranjas del supermercado, la realidad de Internet, la verdad de Internet. Lo digital, lo virtual, las relaciones mediadas por la adsl se convierten en lo real, a menudo sustituyendo experiencias físicas. Pero la vida es aquello que está fuera de la red, allí donde las balas matan, Hacienda aprieta, el jefe despide...

    Quizá un día de estos los niños, también los adultos, crean que las nubes son así, como en tu foto, el cielo saturado, el cesped verde fotosopeado. Pero como profetizó K. Dick: los seres humanos, pese a los tiempos, seguiremos soñando, aunque nuestros recuerdos sean con ovejas eléctricas. Soñar es la única facultad que aún tiene cierta libertad de maniobra.

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  2. Yo prefiero lo natural, pero reconozco que vivimos en un mundo tecnológico que nos apabulla y queremos más gigas de disco duro, más definición en el pantallazo del salón y más megas de adsl. Yo no puedo pensar en no aceptar todo eso, pero duele (al leer lo tuyo duele un poco más, que le vamos a hacer) comprobar que vamos a peor. La realidad está en Internet también, como dice Ramón. O a lo mejor todo es internet y la oferta de internet es ya la demanda de quienes lo miramos extasiados. Buen verano, te dejo durante unas semanillas. Buen verano a todos los de la barra libre.

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  3. Parece la clase de paisajes artificiales que les serán administrados a los hombres del futuro, cuando nuestro planeta sea una bola de piedra pómez, en sesiones de videoterapia, pero hoy uno espera ver aparecer por el horizonte a los Teletubbies. Yo me he ido haciendo desde hace tiempo mis propios fondos de escritorio, y recuerdo uno en especial: hace más de una década, cuando el tipo para el que trabajaba dejó pasar un mes y luego otro sin pagarme mi sueldo, puse en letras bien grandes está leyenda: No money no work, y eso era lo primero que leía cada mañana cuando encendía el ordenador, por si acaso. Y ese era mi riesgo.

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  4. No sé, amigo Emilio, si me habré caído de un windows, pero a mí este paisaje me parece inquietante, extratelúrico. Uno de esos lugares en los que veranea el alma a la espera de la resurrección de la carne, tras la cegadora luz al final del túnel: una mala idea de Mel Gibson. La sensación de infinitud de las verdes praderas de Dios, nos anticipan el desasosegante valle de Josafat. Tanto más cuanto las nubes que surgen y se acercan in crescendo desde el horizonte sugieren formas espectrales, oráculos nímbicos, cúmulos teogénicos...Y para colmo el espejismo de unos arbolitos tras las suaves lomas onduladas, de un mar verde "en el que no se nada , en el que no sé nada..."

    Emilio, quiero calor y esa cervecita fría que tenemos pendiente.

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  5. Lo jodido de windows es que ha llegado a crear una nueva sensibilidad, en la que que la naturaleza se queda corta en cuanto a paleta de colores, el pasiaje real "sólo" es vagamente parecido a las fotos digitales y la red de amigos sustituye, con su superficialidad, al amigo de toda la vida, al que jamás tienes tiempo de llamar por teléfono para preguntarle cómo le va o si es feliz.
    Estamos viviendo una vida 2.0, es decir, nos estamos volviendo gilipollas.

    AG

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  6. Yo te planto aquí lo que pienso, Emilio, que es poco porque voy de tiempo pilladita y no me gusta nada el tema que abordas. Vida en la no-vida? No, no hay. Es un no-paisaje, una cosa feísima que da miedo de lo perfecta que es. Ponme un bodegón pintado en un cuadro, una puesta de sol en la playa o una calle con su tráfico y me siento más en lo mio.

    Saludos veraniegos a tope...
    Córdoba arde!

    Ana

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  7. Tampoco Scarlett era real. Seguro tenía photoshop. Y así andamos los paisajes y las mujeres compitiendo con seres que no existen.
    Pucha, digo.

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