Breve biografía


La distancia más corta entre nacer y morir es la línea retorcida de la hambruna. En ninguna Wikipedia encontraremos las irrelevantes fechas que delimitan el paso por este mundo miserable de cualquiera de los miles de niños víctimas diarias de esta ignominiosa injusticia globalizada. Ni quiénes fueron sus padres, ni en qué escuela, instituto o universidad estudiaron. No tendrán oportunidad de ser ni santos, ni gánsteres, ni hombres y mujeres corrientes. Ni por sus obras los conoceréis.
Un día, un mes, un año, un lustro… ¡qué más da! El tiempo se desactiva en los relojes y en los calendarios cuando sus breves biografías confluyen en el anonimato y en la indiferencia. Sus fotos tampoco nos permitirán reconocer una individualidad con proyección de futuro en su vida y en su obra, vaciadas, en su anonimia, de esperanza. Es más, son fotografías obscenas, pornográficas, en las que las moscas adquieren más protagonismo que la criatura y que su madre escuálida con los pechos descolgados y exhaustos, y en las que el fotógrafo buscará, a ser posible, la presencia de un buitre para autorretratarse.
Sequía, escasez, guerra, éxodo, altos precios de los cereales…Lo de siempre. La vergüenza de pertenecer a una especie incapaz de revertir esta realidad sangrante. Nunca fue tan cruel la frase “más cornadas da el hambre”. Las del Cuerno de África.

¿Y si nos fuéramos todos al cuerno?

Miguel

5 comentarios:

  1. Más que biografía, has escrito un "muertegrafía" desolada y triste, como impone la realidad.
    Somos una mala especie, un error de cálculo de la creación.
    Un abrazo,

    AG

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  2. Y nos están acostumbrando a contemplar la hambruna como una noticia. El problema es ese: saber que es una noticia, saber que la escuchamos, la razonamos, la manejamos durante unos días y la suplimos después con otras. Porque necesitamos material sensible nuevo. A diario. No sabemos con qué desactivar este proceso terrible. No sabemos nada. Yo, al menos, diminuto como soy, me siento dolido, muy dolido, duelen los ojos, duele memoria, la certeza de que cuando uno está cómodamente viendo en la televisión su película favorita o paseando con la familia a la búsqueda de una terracita en la que tomarse una cena ligera, hay gente que se muere. Se muere todo el mundo, claro, pero esta forma de hacerlo, de espaldas al mundo, no debe producirse. Sí, Alberto, somos una mala especie. La peor. Por eso los extraterrestres de los cojones sólo pasan por aquí y hacen como si no existiéramos. No se atreven a bajar. DEbemos darles miedo. Damos miedo. Un error de cálculo de un dios caprichoso, cabrón y rudimentario.

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  3. Vergüenza, y el dolor que no se puede aliviar, pero es verdad que todo e noticia, como dice Emkilio, tan bien como siempre, el dolor terible de no saber qué hacer. ¿Tú, Miguel, sabes? Yo no soy voluntario oenegé de nada. No sé hacer esas cosas. Me falta lo que ahora exijo a los demás. Cobarde mundo, canalla, como dice AG.

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  4. Los Nadies, como los llamaba Eduardo Galeano; los que no viven, sobreviven apenas y a penas.

    Tremenda biografía, que es de uno y de muchos. Demasiados. Africa y tantos otros lugares de mi américa también nos duelen.

    Gracias, Miguel. Se necesitaban estas palaras.

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  5. Curiosamente, uno de estos niños sí ha merecido sus líneas en la Wikipedia, Kong Nyong, pero por muy curiosas razones: él es aquel niño a quien un buitre acechaba ante la cámara de Kevin Carter. La fotografía le valió a su autor el Pulitzer, pero también duras críticas. Sólo un año después Carter se suicidaba, sin saber que aquel niño vivió catorce más. Uno entre millones, y tal vez se le conozca no por el milagro de su breve supervivencia, sino por la muerte de aquel hombre blanco. El resto son los mismos ojos enormes cubiertos de lágrimas en el estupor del hambre, y sus muertes e-vi-ta-bles nos retratan como especie: no hay nada más perjudicial y dañino sobre la Tierra.

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