Un mono desnudo



Un mono, un mono desnudo, desvalido, sometido a las inclemencias de la necesidad. Un homínido sin virtudes naturales; no es un corredor veloz, no posee garras, no puede volar, su visión es limitada. Está condenado a morir, a extinguirse... Pero piensa.

Un mono mira indolente los huesos de un animal sobre la tierra árida. Toma un hueso entre sus manos. Al zar, quizá movido por no se sabe qué impulso -la rabia, la impotencia, supongo- comienza a golpear un hueso contra el resto. Al principio no hace sin energía, por pura desidia, con desgana. Pero poco a poco los golpes se intensifican. Golpea una y otra vez el hueso contra el esqueleto del animal; con fuerza, con desinhibición, desatado. Los huesos saltan a un lado y otro del plano. Durante toda la escena, suena Así habló Zaratustra; lentamente los acordes de fanfarria van acompañando el tono emocional, intensificando la furia desatada del protagonista. Al tiempo que observamos cómo explota la ira de ese mono desnudo, la escena intercala imágenes de animales fulminados, heridos mortalmente -quiero imaginar- por esa mano exaltada del homo iluminado.

Hasta ese día, solo éramos dóciles recolectores, carroñeros; recogíamos lo que la naturaleza nos regalaba. Pero un mono encolerizado descubrió la tecnología, convirtió un hueso inerte en un arma, un arma de futuro. Desde ese día hasta hoy no media cambio alguno. Del hueso, pasaríamos al bifaz; después a la lanza, el hacha. El uso de los metales, el descubrimiento de la agricultura, la ganadería. Civilizaciones, imperios, monarquías, revoluciones, democracias. Una nave espacial gravita en cadencia sobre el fondo neutro del universo. Nada ha cambiado. Un mono herido por la naturaleza se rebela contra su suerte, doblega a la naturaleza a su voluntad. Esto o muere, claudica.

La historia de la Humanidad es una historia de violencia. Injerencia sobre la naturaleza, dictadura del intelecto sobre el entorno, esclavitud de unos sobre otros. El homo es un lobo para el homo. Historia de un hueso humanizado, transformado en cultura,... en voluntad de poder.


Ramón Besonías Román

5 comentarios:

  1. Intensa reflexión sobre la película de Kubrick. Siempre me he preguntado cuál es la simbología "exacta" del monolito.

    AG

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  2. En ese golpear que nombras nace el quebranto del ser, es decir, la filosofía, la interrogación, la incógnita de la ecuación que antes no estaba planteada, el misterio, el asombro, el titubeo ante el cielo, la certidumbre y la incertidumbre a su vera, el querer y el no querer saber qué hay detrás, qué mueve las piezas, qué partida estamos ejecutando sin saberlo. En ese golpear, amigo maestro, está Dios y está la ausencia de Dios, está el creyente y está el descreído que, a fuerza de pensar, no puede evitar sentir a veces un ramalazo de intriga, de pura intriga teológica. En ese golpear nace también la inteligencia, que es el corte que se proyecta antes de que en las pantallas veamos la trama principal. Lo que no sé (no lo sé y leyendo lo que has escrito lo he pensado mucho) es qué se le cruza al mono adentro, qué parte de su ser pedestre y feliz en su ignorancia, se activa para hacer esas preguntas. Y están ahí. En el cielo de Kubrick. En el monolito. En la música de Strauss. Qué belleza.

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  3. Me quedé pensando. ¿La paz es abulia y la violencia movimiento? Si. Mal que nos pese, si. Los cambios fueron siempre violentos, para bien o para mal.

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  4. El peludo prehumano de Desmond Morris (hoy, homo depilatus),lanza después el hueso al aire lleno de júbilo; la pavorosa elipsis subsiguiente nos colocará de golpe en el mundo de la alta tecnología y de la conquista del espacio: El hueso se transformará en una nave espacial. El vertiginoso itinerario cultural y cientifico-tecnologico del Homo Sapiens a lo largo de ese millón de años queda magistralmente reflejado en esta inolvidable elipsis.
    El “homo medius” de hoy, sin embargo, en un momento de lucidez exclama (y yo con él): ¡Parad la Tierra que quiero bajarme!

    Miguel

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  5. me voy silbando bajito, pensando...(hueso humanizado, transformado en cultura,... en voluntad de poder) y ya no silbo.

    mis respetos, Ramón.

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