¿Qué ves cuando no me ves?

Nos engañan. Los ojos nos engañan. Nos encandila la imagen y no nos deja ver más allá.

Jugaban al gallito ciego en el patio de la casa. Camila tenía los ojos vendados con un pañuelo blanco. Con las manos recorre la cara del cura de provincia. Con la punta de los dedos lo conoce. Sin verlo lo presiente. Después vino su voz. Así lo conoció, sin ojos que muestran hábitos que hacen al monje.

También tenía los ojos vendados el último día. Tampoco necesitó verlo para sentirlo cerca. El pañuelo era negro.

Malena

9 comentarios:

  1. La película que elegí es muy argenta. Desde la palabra Camila, pueden llegar a un video que la resume.
    La historia es real.

    ResponderEliminar
  2. Cuenta mi madre que mirando sin rencor el pasado, reconoce que en sus tiempos mozos -cuando los tutores estatales y religiosos cuidaban el alma de la ciudadanía- todas las chicas (también ellos, pero con más alas) tenían "los ojos tapados". Es literal, los ojos tapados. Hoy, ya con el tiempo a su favor, observa esa época con una mezcla entre melancolía e indignación contenida; quizá le hubiese gustado haber sido más osada, haber puesto a algunos en su sitio, reafirmar su identidad, hacerse respetar. Muchas mujeres de esa generación -entre ellas mi madre- hubiesen sido de seguro buenas universitarias; sin embargo, siendo casi unas niñas debieron salir del pueblo para servir en las casas de señoritos militares, políticos, médicos y demás profesiones liberales.

    La venda de Camila no solo es emocional; también es mental, una distorsión cognitiva colectiva, generacional.

    ResponderEliminar
  3. Camila me puede mal, empezando porque es una historia real donde el autoritarismo no tuvo piedad. Continuando con el padre, mas ciego que ese señor que veía con sus dos ojos?

    Bueno, cuando terminé de leerte pensé en ese tema de Serú, que dice "con los ojos cerrados se ve mejor"

    Besos!

    ResponderEliminar
  4. Hay un conato de dignidad en los soldados insurrectos que no quieren disparar contra Camila, abortado por el miedo y la cobardía. Pero, a la postre, hubiera sido un acto de crueldad, casi de sadismo, dejarla "muerta en vida". La justicia poética, tan cinematográfica, promete amor eterno más allá de la muerte. La venda blanca agitada al viento para decirles adiós. Las vendas negras, crespones de luto.

    Nuestras vendas virtuales no nos permiten vernos, pero nos dejan sentirnos. Cine de barra.

    Brindis por Camila y Ladislao.

    ResponderEliminar
  5. Ayy Malena. Creo que el sabado pasado pasaron en TVR un reportaje a Susu Pecoraro. Le dijeron si queria hacer la ultima escena de Camila. Y la tipa se abstrajo unos segundos y repitió el parlamento entre lágrimas. Impactante.
    Te ( ex le) mando un beso.

    ResponderEliminar
  6. Por cierto, me ha gustado la denominación del juego de los ojos vendados allende los mares, el gallito ciego, en contraste con nuestra femenina gallinita ciega ibérica.

    ResponderEliminar
  7. Me ha recordado aquella fábula budista que contó Borges, de unos ciegos de nacimiento que deseaban saber cómo era un elefante: el que le tocó la cabeza dijo que era como una tinaja, otro le tocó la trompa y dijo que que era como una serpiente, otro los colmillos y dijo que era como una reja, y otro la pata y dijo que era como una columna. Así nosotros interpretamos la realidad por los fragmentos que nos dejan ver, y creemos que estamos bien informados. Ésa es nuestra ceguera. Un saludo.

    ResponderEliminar
  8. Estremece.
    No sé qué más añadir. En el estremecimiento, en ese no cavilar, no razonar, ando. Desarmado. Triste, también.

    ResponderEliminar
  9. ay, Piba! engripada y floja, lloro sin poder ni querer evitarlo.
    qué pocas palabras te alcanzan! qué relindo escribís!
    te abrazo.

    ResponderEliminar