Pocho vive



A los 20 años ingresó como seminarista en el Instituto Salesiano de Funes. Le gustaba el laburo en los barrios y pidió permiso para instalarse ahí y estar con la gente. Le dijeron que no, que ya iba a tener tiempo. Pero Pocho Lepratti sabía que el hambre no espera. El voto de castidad y pobreza lo respetó siempre. Pero se le complicaba la cosa a la hora de cumplir con el voto de obediencia.

El hambre arrimaba a los pibes pero después del guiso venían los campamentos, los grupos, las actividades con las que quería mantenerlos fuera de las adicciones. La comida era la excusa, por eso quizás era ayudante de cocina en la escuela 756 del barrio de Las Flores, de Rosario, a la que llegaba todos los días en su bicicleta.

El 19 de diciembre de 2001 el gobierno de De la Rúa caía, el país estaba movilizado y los vecinos de la escuela también. Movilizados, indignados, reclamando en las calles, cuando el móvil 2270 del comando radioeléctrico hizo su aparición disparando al aire, intentando reprimir la manifestación.

- ¡Hijos de puta, no tiren que hay pibes comiendo! – les gritó desde el techo de la escuela.

Una bala de plomo que le atravesó la traquea intentó callarlo para siempre.

Pobres ignorantes.

A Pocho lo multiplicaron por cada calle de Rosario donde aparece un ángel en bicicleta y en cada voz que lo canta.

Malena




6 comentarios:

  1. Cuánta gente muerta en nuestro país por la ignorancia, la intolerancia, el miedo, el prejuicio, qué peste interminable Malena!

    Un abrazo y excelente este relato, impecable!

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  2. Sin palabras. La iniquidad agrieta la garganta y calla el alma. ¡Cuántos ángeles caídos a manos de dioses rabiosos!

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  3. Se necesitan muchos Pochos en este mundo despiadado para que el viento de la solidaridad se convierta en un vendaval de justicia. Porque no hay balas que puedan con ellos, porque nunca mueren: Los ángeles ciclistas recorren las calles olvidadas para recordarnos que otro mundo es posible.


    Miguel
    Memoria de su voz y de sus obras su juventud y sus palabras sean y esa imagen de Pocho nos sobreviva (parafraseando a José Ángel Valente).

    Tu voz, Malena,
    cumplió con su recuerdo.
    Gracias.

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  4. Gracias Malena por traernos estas vidas. Porque quiero que queden como vidas y no como muertes.
    Un beso grande.

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  5. Acallar es siempre difícil. Hay una inercia a desobedecer, un giro repentino hacia la épica de lo sencillo, de lo que se expresa sin mezquindad, en la calle, sobreviviendo a las modas y a los que las gobiernan.
    Pocho está de alguna forma todavía ahí, cuidando de los suyos, haciendo vida de entrega, expresando su desobediencia también, pero con la lírica del oprimido.

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  6. mierda! hablando de la norma...
    se agradece la historia.
    abrazo

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