Crónicas de un seductor adolescente (I)



Mi bautizo iniciático en el esotérico universo de las relaciones amorosas fue ya desde sus comienzos una premonición certera de lo exigua que iba a ser mi carrera como seductor. Esto no le resta mérito al hecho de que intentara una y otra vez realizar tenaces incursiones hacia el sexo femenino con un optimismo que a estas alturas no acierto a comprender. Estoy convencido de que mi fracaso con las mujeres, además de una timidez congénita y mi escasa pericia a la hora de abordar los asuntos emocionales, estuvo causado por la elección de estrategias fallidas y una torpe tendencia a la improvisación. A esto debe sumarse que mi vestuario -a la luz de las fotos de archivo que aún conservo de aquellos tiempos- certifican una falta absoluta de sensibilidad estética a la hora de elegir y combinar mi fondo de armario. Y como guinda a la ineptitud de mis artes amatorias, añade, paciente lector, a este sumario de zangolotino mi absurda propensión a hacer uso durante mis acercamientos físicos hacia mis pacientes víctimas de un lenguaje extraido no de la jerga adolescente que se estilaba por entonces, sino de palabros adquiridos de los personajes literarios que alimentaban por entonces mi fogosa imaginación. En cierta ocasión, recité ante una chica algunos versículos del Cantar de los Cantares, de Salomón:

"He aquí que tú eres hermosa;
tus ojos entre tus guedejas como de paloma;
tus cabellos como manada de cabras, [...]
Tus labios como hilo de grana,
y tu habla hermosa; tus mejillas,
como cachos de granada detrás de tu velo.
Tu cuello, como la torre de David,
edificada para armería
[...]
Tus dos pechos, como gemelos de gacela,
que se apacientan entre lirios.
Hasta que apunte el día y huyan las sombras,
me iré al monte de la mirra,
y al collado del incienso.
Toda tú eres hermosa, amiga mía."


Como usted podrá deducir, pese a que en el instante mismo en el que pronunciaba mi requiebro a dos palmos de la chica mi corazón palpitara, convencido de estar dictando a través de aquellos versos memorizados para la ocasión un eficaz hechizo de amor, la realidad hablaba por sí sola. Estaba haciendo el gilipollas. Mi sonrojada partenaire salía al paso como podía de aquel marrón, excusando mi torpeza con un me siento halagada, pero mejor seguimos como amigos; o directamente, con los ojos como platos, salía corriendo hacia el excusado, cuchicheando escandalizada con sus amigas. Aún así, yo no era consciente en aquel instante de la incomodidad que estaba causando a aquellas muchachas. En cierta ocasión, permanecí sentado durante varias tardes frente al piso de una chica de la que ya solo recuerdo que era morena y que estaba enamorado de ella sin remisión posible. Cuando salía de su casa y me veía allí sentado, con cara entre compungida y de baboso pervertido, mi víctima esquivaba mi presencia sin disimulo y con temor. A sus ojos debía aparecer como un acosador adolescente o, quién sabe, algo peor. Hoy recuerdo todas estas escenas esperpénticas con piedad hacia mí mismo. Si pudiera volver a aquel tiempo, a aquellos lugares, es seguro que volvería a hacer el ridículo con igual o mayor intensidad.

El amor adolescente cubre a quien lo padece de una capa de seguridad absoluta ante las inclemencias de su entorno; se cree un Quijote inexpugnable, un superhéroe con poderes de seducción ante los que cualquier chiquilla, por muy resistente que pudiera ser a los arrumacos de su Romeo, caerá rendida, presa de amor eterno. La realidad -esa aguafiestas- transforma al seductor en el sapo de un cuento distópico...

Ramón Besonías Román

4 comentarios:

  1. Lo peor que nos puede pasar, amigo Ramón, con este caramelo envenenado de los amores adolescentes es que la realidad supere a la ficción.Pero, en fin, las cartas están sobre la mesa. Tú has jugado magistralmente la tuya y ahora la mancha del marrón se irá extendiendo, hasta que llegue a mí en todo su esplendor. No sé si encomendarme a Woody o a su Alien.

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  2. Ah, que difícil va a resultar seguirle el ritmo a este seductor!

    Lo que tienen los amores adolescentes es que son tan profundos como fugaces.
    La letra de un tango dice: Hoy un juramento, mañana una traición. Amores de estudiantes, flores de un día son.

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  3. Marrón el tuyo, Ramón,
    y no va el miércoles rimado.
    Luego habrá ocasión
    de darle caña al enamorado.

    Hay que ponerle esmero para salir airoso, my friend.
    Difícil lo porfías.
    Estamos en un nivel ya avanzado.
    Me pido abrir trama para la próxima entrega. Tengo pensada una cosita... que veréis

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  4. ah, pero entonces una creía que el amor era así y que se podía morir sin más, por ese amor.
    despues la vida viene con las putas rutinas, Ramón.
    qué bien tus letras! (bien en sustantivo. me las guardo en la alcancía de mi alma)

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