El Colegio



Una fotografía es una burbuja de tiempo, uno de esos mundos sutiles que amaba Machado, la pompa de jabón ingrávida y gentil, sostenida solo por la mirada que la observa y mientras ésta dura. La que contempláis ahora es la que más he mostrado en los últimos treinta años (ya veréis después por qué), aun a pesar de que aparezco difuminado en el grupo, casi despersonalizado. Uno más que posa para la orla de fin de curso. Sin embargo, el caprichoso azar dispuso que ocupara un lugar estratégico en la misma. Si excluimos a los señores de negro (a los que un compañero que citaré más tarde comparó muchos años después , por su siniestra apariencia, con aquélla tan lúgubre de Pinochet y sus conmilitones golpistas), ocupo el lugar nº 7, tanto por la izquierda como por la derecha de la fila central, lo que vendría a ser el centro de gravedad de la foto, el punto de intersección de las diagonales; cuestión en apariencia irrelevante, pero que podría indicar cierto egocentrismo sobrevenido, no premeditado, que auguraría un prurito de autoafirmación, un intento de paliar mi enfermiza timidez de entonces, aún no del todo desterrada.

La foto podría ilustrar también alguna secuencia de La mala educación, basada en una experiencia personal que si hubiera tenido oportunidad de soplar al oído a Almodóvar, la habría incluido sin duda en la película. El pudor me impide relatarla aquí, aunque he de decir que constituyó uno de los recuerdos imborrables de mi infancia, sin llegar a ser dramático ni traumatizante, pero muy revelador de las intenciones de algunos curas, camufladas entre sus evangelizadores mensajes (“siempre de colores”, "antes morir que pecar"…) y su meliflua y mórbida pedagogía, para aprovecharse de nuestra ingenuidad, de nuestra inocencia que empezaba a desvanecerse.

Antonio Muñoz Molina en su novela “El viento de la Luna” describe su paso por este mismo colegio de Úbeda (Mágina en sus libros), sobre todo en el capítulo 5, pocos años después y en circunstancias muy similares a las mías. Allí cursé 3º del Bachillerato elemental de la época. La foto es de ese grupo y está hecha en mayo de 1962, unos meses antes de cumplir 13 años. ¿Y qué hacía un chico humilde como yo interno en un colegio elitista como éste? Me consta que mi padre, un modesto contable, tuvo que hacer un enorme esfuerzo económico para que su hijo primogénito tuviera la oportunidad de educarse en uno de los colegios más “prestigiosos” de la comarca (de los cerros de Úbeda, para más inri). Y no solo eso; también tuvo que superar la terrible contradicción de llevarme a un colegio de curas, siendo él tan anticlerical. Sea como fuere, no duré mucho allí. Como los resultados fueron más bien decepcionantes, al curso siguiente volví a la educación pública, de la que nunca debí salir.

Sin embargo –y éste es el verdadero leitmotiv de haberla elegido- la foto tiene su intrahistoria, pues el destino, quién nos lo iba a decir, le reservaba la consagración a la celebridad ad futurum de uno de mis compañeros del grupo y que, inevitablemente, nos obliga a desplazar el centro de gravedad inicial, mi efímero egocentrismo, hacia el 5º chaval de la fila inferior, empezando por la izquierda: Pongamos que hablo de Joaquín. Sí, ni más ni menos que del único, del irrepetible, del inefable, del genial… ¡Joaquín Ramón Martínez Sabina!, más conocido (ya le llamábamos así de niño) por Sabina.
Miguel

19 comentarios:

  1. Magnífica foto, de la que has escamoteado una explicación complementaria: la presencia de los Compán, especialemente la de Salvador, cuya novela "Cuaderno de viaje" (que me recuerda mucho a "El manuscrito hallado en Zaragoza") fue finalista del Planeta de 2000.
    La experiencia de la que hablas no me la has contado jamás y eso es imperdonable: puede haber un relato.

    Abrazo fraternal,


    AG

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  2. Querido Alberto, si clicas en el enlace sobre Sabina, al final, encontrarás también la referencia a Compán, además de ver la foto a mayor tamaño. Lo de la experiencia, efectivamente da para un relato y lo vas a escribir tú.

    Un abrazo.

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  3. La foto no tiene desperdicio. Tanto tomada en conjunto como deleitándose en los detalles, es un retrato social privilegiado de una época de la que yo sé por lo que me cuentan, por los libros, las películas y, ahora, por ti, Miguel.

    El orden de los elementos sí afecta al conjunto. La cuadrícula de filas, la posición sedente y uniformada de la intendencia docente, frente a pose marcial de la soldadesca, refleja el orden social de entonces, la estratificación veryicalista del poder, el papel patriarcal del docente, la represión de las emociones, el culto a la disciplina corcitiva...

    Aún así, pese a las imposiciones sociales, en la instantánea se cuela involuntariamente la necesidad de cada niño de autoafirmarse, su resistencia al anonimato. A tu izquierda, un niño cruza energcamente sus brazos, con sonrisa socarrona. En la fila superior y en la de más abajo, comenzando por la derecha, el cuarto alumno sonríe al fotógrafo, feliz de inmortalizarse. A tu derecha, un chaval viste de mafioso, hasta su gesto le delata como potencial enemigo número uno. El primer niño de la fila de abajo viste unas converse, y siguiendo esa fila, destacan las enormes gafas oscuras de otro de ellos.

    El gesto de tu cara también habla por sí solo. Inclinas tu rostro, elevando una ceja. Una pose de autodeterminación, de resistencia pasiva. Como si ya supieras por entonces que todo aquel catecismo no sería suficiente como para acabar haciéndote desistir de soñar otra vida posible.

    Gracias por compartirlo.

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  4. El azar quiso que yo fuese una de las personas que vió la foto, compartiendo conversaciones, café y confidencias. Gracias, Miguel.
    No me hubiera querido perder ningún minuto de los que pasé contigo.

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  5. Ramón, gracias a tu propuesta hemos completado esta ronda fotográfica. Toda una experiencia retrospectiva que nos ha servido de mucho. Incluso para enfrentarnos con alguno de nuestros fantasmas. Ésta, al ser una foto coral (como se dice ahora), daría juego para detenerse, uno por uno, en cada personaje y tratar de adivinar sus historias, su porvenir. De muy poquitos tengo noticia. El azar y las circunstancias nos unieron y el viento nos dispersó como esporas. Pero todavía la foto daría juego para comentar algún que otro reencuentro curiosísimo. Cuarenta años después, uno de los curas (que ya no lo es) es mi vecino a día de hoy, a 150 kms. de distancia. Persona excelente y divertidísmo. También lo era entonces. Juguetón el azar, ¿no?

    ***

    Gracias a ti, Mª José. La amistad real, la compartida en las trincheras de la vida-siempre repitiendo curso- cobra aquí un valor doble, pero de tablero de ajedrez: cada casilla que avanzamos, ¡doble! Calculemos...

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  6. Esa es la España que hemos dejado atrás, supongo. En la de ahora se pueden componer fotografías de todo corte y confección moral, pero ésta tuya, ahora compartida, posee un inefable aire católico-castrense. Nunca entendí como puede la milicia mezclarse con lo clerical, pero estas fotografías lo explican sin palabras. Está Pinochet con sus conmilitones, cierto.
    No he tratado de tú a tú a Sabina, pero sí que he oído su música y he leído sus poemas y he escuchado sus declaraciones. Sé como es, lo que es. Lo que se entiende ahora es el lugar de donde procede ese ser. Viene del infierno. Uno manso, aparentemente benigno, pero está azuzado de azufre y se echa en falta, en la foto, digo, la presencia de una fémina. Oh cielos con albornoz, oh gran fatum que todo lo gobierna, qué hubiese pasado si los curas hubiesen tenido entre sus discípulos a una discípula? No serían como fueron, no serían como son, no serían como serán?
    Digo como Ramón, que ha hecho el análisis perfecto que ya no se precisa: gracias por compartir. De verdad. Imborrable en mi memoria esta parte de la memoria tuya.
    Lo charlamos en una barra, pronto, con o sin boquerones, my friend.

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  7. Emilio, los boquerones no son las bicicletas y por tanto no son para el verano. Nos sentaremos en una terraza y esperaremos a que pase Marylin Monroe, y a ver si hay cerca un respiradero con ventilador. Mientras tanto, comentaremos el álbum familiar y las obras completas de BUCAY AY AY AY AY... (Con el eco se me había olvidado: la cerveza bien fresquita).

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  8. Me entretuve paseando por la foto tras las pistas que dejó Ramón y por tu blog. Realmente tiene razón Sabina con la imagen del "señor de negro y gafas". No quiero hacer una apreciación rápida y a lo Bucay(ay, ay, ay) pero aunque el paso por el colegio fue corto, creo que valió la pena. No sólo por Sabina sino para poder formar tu idea propia sobre la iglesia, la educación pública y otras cuestiones sociales.

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  9. La fotografía refleja el blanco y negro de esa época donde no había mucho lugar para los colores. El tiempo la ha dotado de un amarillo añejo que quiere difuminar las sombras (negras, sentadas, ocultas en gafas oscuras, rancias de intolerancia), y no la luz inocente de miradas infantiles enfundadas en eternos pantalones cortos.

    "Cantaban los niños
    canciones ingenuas
    de un algo que pasa
    y que nunca llega:
    la historia confusa
    y clara la pena".

    A. Machado.

    Gracias por compartir esta parte de ti. Por cierto, el estupendo Sabina es un ejemplo más de la "eficacia" y efectos secundarios de esa... educación.

    Un abrazo en thecnicolor, Miguel.

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  10. Malena, mi paso por el colegio fue fugaz, pero con Sabina compartí muchos y buenos ratos en adolescencia y primera juventud: guateques, feria de Úbeda, fiestas de cumpleaños...¡Qué pena que no conserve más fotos! De haberlo sabido... Cuando empezó a tener cierto reconocimiento y fama , sobre todo en un programa de tv de Fernando García Tola, tuve ocasión de departir con él en un restaurante de Úbeda. Luego ya no fue posible.
    En cuanto al colegio, no todo fue negativo, efectivamente. Se aprende de todas las experiencias, sin duda.

    Un abrazo, amiga.

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  11. Malena, qué bien traídos los versos de Machado a un contexto tan machadiano. Hay muchas huellas de don Antonio de estos lugares en sus versos, de sus viajes de la época de profesor en Baeza. Hasta en mi pueblo, Torreperogil:

    Torreperogil
    quién fuera una torre,
    torre del campo del Guadalquivir.

    Y sí, Sabina salió díscolo. Le dio la vuelta totalmente a los objetivos de la educación religiosa. Contraproducente casi siempre.

    Otro abrazo del verde olivar.

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  12. Siempre me pasa lo mismo por la cabeza cuando veo fotos de esa época, quizás porque no la viví y no concibo tanta reclusión en general.
    Tu foto es como otras muchas del momento, exceptuando que tú apareces en ella y tienes la generosidad de compartirla, niños agarrotados en su gran mayoría y sonrisas (que a esa edad deberían ser obligadas), castigadas de cara al objetivo(s)
    Son fotos que siempre me causan cierto pavor porque a través de muchas de ellas pueden verse historias de aniquilaciones a la infancia, al desarrollo individual, y todo eso sin menospreciar las clases tan bien aprendidas, de carretilla y sin apenas respirar.
    Un beso, Miguel, pero en color:)

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  13. Tengo otra igual...te la cambio...mismo ambientem mismas sensaciones...como dice MOTA, "que me vas a decir de la mili..."
    Enhorabuena por tu blog...un abrazo

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  14. Belvedere11 mayo, 2011

    Larrea:
    Buena idea la que habéis montado. Este post, el que más me gusta. Hasta he ido a ver fotos mías y de mi familia y he disfrutado. Estaban ahí, escondidas.
    La foto que subes, Miguel, es representativa de una época que yo viví. Friso los cuarenta, y eso no da para entender lo que expones, pero he visto cine y he leído y sé de buena mano, mis hermanos, no más lejos, algo de lo que cuentas. La escuela con curas es como una iglesia con furcias. Qué te parece. Es que la religión no tiene nada que ver con la escuela.
    Os dejo.
    Saludos.
    Vovleré

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  16. Creo que tenemos en la barra un caso flagrante de doble personalidad. Belvedere, Larrea?
    Tengo sospechas fundadas de que se está llenando el bar de clientes juguetones.
    Habrá noticias...

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  17. Marisa, qué curiosa traición del subconsciente, una pequeña venganza freudiana. ¡Esta vez te cambié yo el nombre! Estamos en paz.

    Un beso, querida amiga.


    ***


    Kape, de todas las experiencias se aprende. Sobre todo de la convivencia. En los libros de texto a esas edades se aprende poco o mal. Decía Coll que lo que había aprendido en el Bachillerato le había servido para rellenar crucigramas.
    Un beso, amiga.

    ***


    Azpeitia, gracias por tu visita y por tu comentario. Es cierto, estas fotos son cromos repetidos de toda una generación. Retratos sociológicos.

    Un saludo.

    ***

    Belvedere y su heterónimo Larrea, las fotos como decía al principio del artículo, son burbujas de tiempo; contienen una imagen congelada y cuando las miramos, las resucitamos y nos agitan la memoria. La religión en la escuela, es como si en el banco se impartieran cursillos prematrimoniales. Algo van buscando: el negocio. ¿Es descabellado lo que digo? Puede ser, en el bar te tomas dos copas y...

    Vuelve amigo

    ***


    Emilio, tú sabes de lo que hablas. Insisto en lo de los bares: no sabemos si vemos doble o es que los otros se desdoblan. Otro abrazo.

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  18. Prefiero pensar que hay desdoble en ambos sentidos. Se parten los otros y uno también está partido. Creo que así está más entretenida la partida. No saber quién te da el jaque mate.

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  19. Miguel,en mi colegio todavía no se hacían fotos colectivas. No sé si por la austeridad de la Orden de Predicadores o por la escazez de la época. O por las expulsiones continuas, a lo largo del año académico,de colegiales que dejaban los cursos muy mermados. Las fotos hubieran delatado el fracaso vocacional y escolar. ¿Quién me ha robado mi foto infantil?, que cantaría Sabina. Gracias. Un saludo afectuoso.

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