De la manipulación de datos



Para Andrea, con todo mi amor.

La nena que llora desconsolada en los brazos de la mamá, soy yo.
Tenía tres años y no quería que me retrataran.
El cumpleaños era de mi hermana, que con resignación mira al fotógrafo, sabiendo que su momento de gloria había sido arruinado.
En realidad, los roles familiares siempre fueron inversos. Era ella la que lloraba y yo esperaba que la atendieran. También a mi me gustaba ayudarla. Es que era chiquita, simpática, dulce. Por eso era yo la que hacía sus tareas escolares, mientras ella lagrimeaba desconsolada porque no podía con una empresa de tal envergadura; era yo la que no podía dormir hasta que ella no se durmiera, porque le daba miedo quedarse solita en su cama; eran mis muñecas las mutiladas y rapadas en los juegos, porque ella sufría si las suyas se estropeaban.
Pero ese día fui yo la que lloró, justo delante del lente.
Maldita suerte.
Para los que vean esa foto, seré la hermana pérfida que arruina cumpleaños y ella la inocente víctima que soporta el dolor con entereza.

Por eso les digo, compañeros de barra, abran los ojos, aviven el seso y no se dejen engañar por las pruebas irrefutables presentadas por los vencedores.

O por las víctimas.

Quizás tampoco yo haya sido tan buena.

Malena

8 comentarios:

  1. Nadie es tan bueno.....ni tan malo. Que tal el cumple? . Un beso

    ResponderEliminar
  2. Felicidades, Malena.

    Buena ocasión para mirar el pasado desde una óptica nueva.

    Todos los personajes de la instantánea se retratan entre complacientes e indiferentes. Solo tú te resistes a la toma, huyes de ella, ansiando salir del plano. El resto se acomodan en la foto, la complacen o, resignados, esperan que acabe. Tú peleas con el tiempo retenido, con ese instante que pronto acabará siendo pasado, estela para la memoria.

    Esa pose es coherente con el tono que imprimes a tus textos, Malena. Tu letra es dulce (no confundir con condescendencia), cuidadosa con el lector, amable incluso; sin embargo, tu mensaje camina implacable a lo largo del párrafo, hasta alcanzar su diana. Detestas la mentira, anhelas justicia, arañas cada línea en busca de su verdad.

    Tu fotografía habla de ti, no puedes evitarlo. Una fotografía es un espejo polisémico, un caleidoscopio. No siempre muestra lo que deseamos. A veces nos sorprende, descubriendo en detalles aspectos de nosotros que permanecían aletargados, latentes, o deformados por el tiempo y sus catástrofes.

    Lo dicho, Malena, felicidades. Disfruta de ti.

    ResponderEliminar
  3. Pienso siempre que la mejor defensa es el ataque. Irse hacia adelante como buenamente se pueda. Llorar es una victoria. Porque a veces desarma el enemigo, lo arrumba a la ternura, a pensar qué pasó, en dónde se acometió el error, qué parte de la trama no se avino a lo previsto.
    Tu hermana, tranquila por fuera, rabiaría por dentro.
    Yo no tuve hermanos, pero sí he arruinado fiestas de amigos, de primos. Y he sentido las propias caer y he sentido el placer de la victoria y el placer (sí) de la derrota. Perdido uno, sin nada que perder, en fin, también se vive bien. Sin interferencias. En la soledad del que ya no pudo dar más. Eso en el hipotético caso, amiga Malena, de darlo todo. Tú, a lo que se ve, en esa fotografía impagable, sin otro atrezzo que las miradas y la honestidad que dan esos años, ganaste y perdiste. Como luego, imagino, sigue pasando en los años posteriores.
    Se vive, se pierde, se gana, se muere, se renace, se lanza uno al llanto, se entrega ufano a la risa, ama, desama, se entusiasma, se aturde, se expone, se esconde.
    Qué escritura tan mansa y tan honda.
    Coincido con Ramón en eso: en cómo avanza el mensaje, implacable, es cierto, hacia el pecho.

    ResponderEliminar
  4. las miradas tienen el valor de la subjetividad inclusive hasta en la muerte, besos

    ResponderEliminar
  5. Tú, Malena, porque estás en el secreto del instante , dices que lloras y no tenemos por qué desconfiar de ti, que siempre vas con la verdad por delante. Pero si nos hubieras dicho que te reías a mandíbula batiente, con una ironía precoz más propia de los 39 años, también nos lo hubiéramos creído. Lo corroboraría tu guapísima mamá (de tal palo, tal astilla), con su amplísima sonrisa cómplice.
    De la historia siempre se han hecho diferentes y hasta contradictorias interpretaciones. En cualquier caso, la ambigüedad del gesto siempre podrá ser utilizada a tu conveniencia, lo cual es una victoria: La victoria del glamour, la de la bella actriz.

    ResponderEliminar
  6. Muchos pueblos desconfian del retrato, para ellos esa intrusión se lleva una parte del alma...Otros, más pragmaticos, cobran por ellos. Pienso que debias tener una buena razón para llorar, y pienso que con eso bastaba para respetarte. Si no sucedió así, seria por esa indignante superioridad de los adultos, que creen saber más que los niños, cuando en realidad los niños son infinitamente más sabios y justos. La rivalidad entre hermanos es otro tema, y lo describes a la perfección. Que bien escribes, Malena, un gusto leerte.

    ResponderEliminar
  7. no puedo pensar en otra cosa que no puedo pensar en otra cosa que no puedo pensar en troa cosa que qué hacés ahí, rodeada de chicos y con esa niña que llora en brazos? sobre la manipulación de datos hay que hablar? válgame!
    abrazos de verdad, Piba! (y qué bueno es decirlo!)

    ResponderEliminar
  8. Como dice esa canción "si la historia la escriben los que ganan, quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia, quien quiera oír que oiga"

    Nadie es tan bueno, ni tan malos, hay de todo un poco dentro nuestro.
    Quién diría que esa nenita desconsolada iba a escribir tan bien, sin necesidad de berrinches.

    Y si estuve en Pehuajó, viaje relámpago a darle un abrazo gigante a mi vieja y mimarla todo lo que pude y pegué la vuelta en medio de la niebla del domingo per la matina.

    A propósito, hermosa tu mamá =) y hermosa vos!

    ResponderEliminar